No deseo nada...

Me preguntan que quiero para navidad y se asombran cuando respondo ¡No deseo nada! y es verdad cuando lo digo, y no estoy deprimido o de mal humor, todo lo contrario, me encuentro en plenitud, he logrado el desapego de las cosas materiales y es una sensación increible, que me conecta mucho más con la tierra, las plantas, los seres vivos, la música, la respiración y el tiempo presente. 

Soy capaz de disfrutar y hacer de cada instante un momento mágico, ya sea conversando, contemplando, leyendo o simplemente escribiendo lo que siento, pienso y sueño. Es cómo estar siempre listo para emprender el vuelo ¿o acaso ves que los pájaros llevan algo sobre sí para volar? No, sólo sus alas limpias, para agitarlas y surcar los cielos. Libre, libre es como me siento, tal si fuera un pájaro para surcar los cielos de la felicidad, es por eso que las cosas materiales deben ser sólo eso, algo que nos sirve, pero que no debe ser el ancla para emigrar, para que el velero de los sueños, pueda surcar los mares de la imaginación y creación.

No deseo nada, pues lo tengo todo lo necesario, para caminar en plenitud por el camino de la vida.

Hablas, hablas, hablas



Seis meses, dos semanas y tres días de aquella fatídica tarde, seis meses, dos semanas y tres días en que mi alma perece hora tras hora, noche tras noche y tú te has encargado que ello ocurra sin darme un minuto de descanso, como si fueras el centinela que complaciente, vigila se cumpla mi condena.
Sin más, desde lo más recóndito
de la noche te asomas con esa sonrisa hiriente para gritarme a la cara una y otra vez cómo ocurrieron los hechos, y no cesas en tu afán de destruirme y, hablas, hablas, hablas preocupada de mantener abierta la herida y nada te detiene a pesar de mis constantes súplicas, y que en más de una oportunidad me has escuchado gritarte ¡Que te calles! ¡Qué dejes por un instante de mortificarme!
Lo he intentado todo, desde esperar el silencio nocturno de la noche, para pedirte perdón, para reconocerte mi culpa, pero te mantienes distante. Desde el funeral, mi hijo mayor no me dirige la palabra, cómo quisiera que tú también hicieras lo mismo, para que al menos por una noche pudiera conciliar el sueño. Al principio cuando el insomnio me hacía compañía, llegué a justificarlo y entender que lo merecía, pero luego mi desfalleciente cuerpo pedía misericordia, y cuando veías que la fatiga me abrazaba y me abandonaba en ella, susurrabas a mi oído palabras horribles para que despertara inquieto, y entonces empezabas nuevamente tu calvario nocturno. En más de una oportunidad, mi desesperación me llevó a golpear las murallas de la habitación, haciendo que la sangre brotara de mis nudillos y caer rendido al suelo, concentrándome sólo en el dolor de mis manos con tal de no escucharte, pero, a pesar de todo, no dejabas de cumplir tu cuota de tortura, y me atormentabas con tus palabras, enrostrándome mi culpabilidad. Dominique la  menor de mis hijas, suele decirme al momento de despedirse en sus visitas de los domingos-  No te atormentes más papá, fue un accidente, no fue tu culpa ¡Pero no es así! ¡Fue mi culpa! ¡No debí, no debí! Contestar esa llamada…quizás tu madre estaría viva. ¡Maldita sea! ¡No debí, no debí!
Hoy, he ido con Luis el policía, en busca de la solución para terminar con esto. Es pequeña, liviana, pero sobretodo efectiva a poca distancia- me ha dicho- antes de pasármela. Luego me ha indicado, cargas, sacas el seguro y apuntas al blanco antes de jalar el gatillo, no puedes fallar, es infalible. Esta noche, he cargado sólo una bala, será suficiente, he sacado el seguro y te apunto ¿Estás lista para tu partida? Yo también, sólo me queda apretar el gatillo, ahí voy… la sangre ha bañado el espejo donde me contemplaba y he sentido como estalló mi sien, y entonces sonrío, sonrío en el momento que todo a quedado a oscuras, pues por fin he logrado que te calles para siempre, maldita conciencia.

Dignidad

Cuando se pierde la dignidad, se pierde todo. Es como dejar caer un jarro de porcelana y ver como se quiebra en mil pedazos, así me sentí, ...