El séptimo sentido (de la felicidad)


Sin duda que todos conocemos los cinco sentidos conque la mayoría nacemos (vista, oído, gusto, olfato y tacto) y suele atribuirse el sexto sentido a las madres, erróneamente (a mi parecer) y digo erróneamente porque el sexto sentido lo tenemos todos, es ese que a veces solemos llamarlo corazonada, ese que te pone alerta de pronto en no confiar, en no firmar ese contrato, en no arrendar cierta casa, en fin…pero sin duda que el más importante de todos es el que yo llamo el séptimo sentido y que tiene que ver con “el sentido por la vida “(el sentido de la felicidad).

Se los voy a explicar de otro modo, un vehículo puede tener dirección hidráulica, frenos abs, airbags, pero nada de eso sirve si alguien no lo conduce. Es por eso que el séptimo sentido pasa a tener la máxima relevancia. Si estás enfermo o estás atravesando un periodo depresivo en tu vida, sin duda que tus sentidos importarán poco, y aun cuando estés sano, sin el séptimo sentido, sólo serás un ser humano que respira y se mueve por la vida.

Es decir, mirarás sin ver, probaras sin degustar, oirás en vez de escuchar, porque si no estás conectado con tu verdadero sentido por la vida, no te conectarás con esencia de la vida ( “ser feliz”), esa que nace en tu alma, porque una vez que te conectas con tu espiritualidad tu cuerpo se enciende energéticamente y comienzas a ver más allá de lo que tu vista logra ver, escuchas lo que las palabras no alcanzan a explicar y tu cuerpo percibe sensaciones que traspasan el sentido del tacto, comienzas en ese instante a vivir. Y cuando afirmo esto, no estoy intentando profetizar, sólo quiero decirte que esto que te digo, lo he descubierto he integrado con el paso de los años, y sólo quiero compartirlo.


Por último, debo decirte que el séptimo sentido se encuentra dentro de ti, y sólo tú tienes la llave para activarlo. Te deseo la mayor de las suertes.

Cuando tener la razón pierde importancia

A veces nos preocupamos tanto por tener la razón que no nos damos cuenta de lo que perdemos. Soy uno de esos que ha perdido más de lo que ha ganado en la vida por defender sus puntos de vistas y lograr tener la razón. La lista es bastante amplia, y la mayoría de las veces el orgullo, me abrazó con tanto ahínco que no me importó perder, así vi partir parejas, ascensos, amistades, oportunidades, etc., etc.

Empero, la vida siempre tiene una mesa para tí dispuesta en la terraza del silencio. Me acomodé en ella acompañado de mi soledad, bebí el café amargo del triunfo, mientras a la distancia, la mesura me hacía una seña. El viento de la contemplación soplaba dulcemente, y el mar de la inconsciencia a lo lejos se agitaba golpeando las rocas de la testarudez. Una gaviota de melancolía, se posó frente a mi, y le dije al orgullo que abandonara mi mesa. Se retiró molesto, haciendo gestos de desagrado y vociferando en mi contra.

La mesura con su pelo escarmenado, se me acercó, rodeó con su brazo mi cuello y me besó tiernamente, haciéndome presa de inmediato. Me incorporé tomándola de la cintura y baile por recuerdos malgastados abrazado a su delicado y perfumado cuerpo, rompiendo con los pasos de mi memoria las fotografías tomadas por el ego. En un acto de descontento, las lancé con furia hacia el olvido, y mi ego desesperado estiraba sus brazos tratando de coger los trozos que enarbolaban por doquier.

Vacié una botella de humildad y me embriague en la noche bañada de estrellas de nostalgias, y me quedé borracho, llorando, mientras la razón se perdía de la mano de mi ego, entendiendo que su partida era mi mayor consuelo.

Valió la pena un año más ?

Quizás la pregunta te parezca un tanto absurda, o cuestionable, pero créeme que no tengo duda en hacértela. Y es que te quiero invitar a que veas las cosas del otro lado de la vereda. Por lo general, las cosas se ven desde nuestra perspectiva personal, y de ahí analizamos todo, es decir siempre desde nosotros mismos. Te quiero llevar a que salgas de tí, y te veas de frente, y te preguntes ¿Valió la pena que el universo, te regalara un año más de vida? La pregunta es simple y directa, y antes de que quieras entregar una respuesta, piensa ¿Qué le diste a la vida con tu existencia, que le entregaste a tus prójimos, que tanto bien hiciste por la humanidad, por los animales, la naturaleza, te preocupaste de alguien más que no fueras tú?

Sino tienes mucho que decir, te invito a orbitar por la vida y empezar a ver el mundo desde la vereda del frente, quizás lo que veas de tí, no sea tan agradable como piensas. La mejor manera de crecer, es cuando das, pues siempre la vida te entrega más allá de lo que imaginas. Un abrazo cósmico.

Manifiesto Personal

Desde que tengo uso de razón uno de mis mayores anhelos fue encontrar en mi camino a un "Ser feliz" un ser que emanara plenitud total. 

Lo cierto, es que les puedo decir, que me he encontrado con mucha gente en el camino a la plenitud, y son de aquellos que en vez de poseer cosas o bienes, buscan desprenderse de todo, son personas que buscan hacer el bien porque les nace, de entregar sólo por el placer de ayudar a otro, son dueños de su andar por la vida, contemplativos, sensatos, equilibrados, amigos de la naturaleza y respetuosos de la misma, son aquellos que su riqueza se concentra en la pureza de su mirada, no tienen cuenta corriente, ni bienes capitales, van por la vida sonrientes, viviendo cada segundo como si fuera el último, son  de aquellos que no dejan de ver a la gente que se les cruza en el camino, son los que se dan el tiempo de ayudar a un no vidente a cruzar, o a una anciana con sus bolsos, que alimentan a un perro en la calle, o le dedican un momento de atención a un mendigo (que vale más que el dinero que le entregan otros sin mirarle) son aquellos que se detienen para escuchar al artista callejero admirando su arte.

Por eso, en una especie de manifiesto personal he querido dejar plasmado al menos en éste blog, que desde antes de nacer, vine al mundo con la única intención de "ser feliz" y el Cosmos hizo el resto. No preciso entrar en detalles de los motivos que me hacen feliz, pues no es el motivo, cómo tampoco es decirles hagan esto o aquello para conseguirlo, sólo quería dejar testimonio de que todos venimos al mundo con la misma intención, y que las respuestas están dentro de ti, que es la voz interior, la única brújula hacia el camino de la felicidad.

Si algo puede ayudarte mi testimonio, me daré por satisfecho.

El Cosmos siempre estará dispuesto a abrazarte, sólo debes abrir los brazos y estrechar la magia de la vida. 

El mejor regalo de Navidad

Si fuera una especie de ser divino y tuviera que hacerle un sólo regalo al mundo en ésta Navidad, sin duda que les regalaría Tiempo"


Tiempo para la contemplación
Tiempo para dedicárselo a otro, padre, madre, pareja, hijo(a), hermano(a), amigo, etc.
Tiempo de ocio
Tiempo para recordar los buenos momentos
Tiempo para olvidarse del tiempo
Tiempo para uno mismo

Ahora, cómo sólo soy un ser mortal, sólo puedo dedicar un tiempo para escribirte éstas líneas y recordarte que uno de los tesoros que tienes a la mano, es "TU TIEMPO" 

Las moneditas



Doña Magdalena es de aquellas comerciantes que van quedando a la antigua, y es porque su padre también tuvo almacén, por eso cuando da un vuelto se toma el tiempo suficiente para entregar hasta el último centavo.
Aquella mañana Gustavo, un empleado de una textil, estaba como siempre apurado, más no quiso ser descortés con ella, y espero el ritual pacientemente, mientras la mujer contaba en voz alta el vuelto que le entregaba. Molesto por el atraso que aquello provocó, al salir del almacén lanzó a la calle dos monedas de cinco pesos, las que fueron a parar distantes una de la otra.
Una madre a esa misma hora llevaba a su pequeño hijo al jardín, el cual semidormido caminaba con la cabecita gacha. De pronto sus ojos se iluminaron por el brillo que emitía una de las monedas,  soltándose de la mano de su madre, corrió a cogerla y una vez en su mano le gritó, mira mamita me encontré una moneda de oro, ¡¡¡soy rico!!! Exclamó dichoso. Minutos más tarde, salía aún más contento del almacén de doña Magdalena, convencido que la barra de chocolate que tenía en el bolsillo, la había comprado con su monedita de oro. La sonrisa de su hijo, alegró la mañana a su madre quien después de darle un apretado beso, corrió para no llegar tarde a su trabajo.
En el trayecto se topó con Malungo (como le decían en el barrio a aquel hombre de la calle que dormía por el sector) y que le pidió una moneda como solía hacerlo todas las mañanas. Ella fiel al ritual se  la dio pues el hombre le recordaba mucho a su padre. Él siguió su camino y antes de llegar al almacén de doña Magdalena, encontró la otra monedita. Se agachó con el esfuerzo que le tomaban los años, la besó mirando al cielo “una monedita de la suerte” - se dijo, convencido que ese sería un buen día.


Soy culpable





Soy culpable de aquello que no dije,
cómo de todo lo que expresé de mala forma,
soy culpable de cada uno de mis actos
e inclusive de mis pasividades.

Soy culpable de lo que pensé o soñé,
de lo que me ilusionó o me paralizó,
de mis éxitos y de mis temores.
Soy culpable por haberte amado en silencio,
de haber bajado la vista
cuando tus ojos se encontraban con los míos,
de callar cuando mi corazón latía a borbotones por ti.

Soy culpable de haberme acercado a tu cuerpo y
haber sentido el sabor de tus labios,
de haber recorrido cada palmo de tu piel,
y estrechado contra mí, cuando una parte de ti se resistía.

Soy culpable, de que aún no te olvide,
pero por sobre todo,
soy culpable,
por haber huido de tu lado,
cuando quizás comenzaba a amarte.


Soy culpable…

El séptimo sentido (de la felicidad)

Sin duda que todos conocemos los cinco sentidos conque la mayoría nacemos (vista, oído, gusto, olfato y tacto) y suele atribuirse el sex...