¿Cuánto valgo?

He estado en éste último tiempo preguntándome ¿cuánto valgo? si para mi madre soy el tesoro más grande del mundo, para mis hermanos un hombre extraño que busca un camino diferente, para mi ex-mujer la última porquería del mapa, para mis hijos (depende de sus estados de ánimos y de algún modo de mi billetera) para los conocidos alguien que tomó un camino distinto y se perdió en él, para ciertos amigos alguien que se atrevió a ir contra la corriente, para el banco un deudor, para el sistema alguien que dejó de producir, para mi última amante un hombre excepcional, para el vecino alguien a quien poco trata, para mi perra fiel su amo y para mi mismo una eterna interrogante.

De algún modo debo ser la suma de todo esto dividido por lo racional, multiplicado por lo consciente, elevado al cubo de lo espiritual y el resultado de esto menos la opinión de aquellos que no me interesa su opinión.

En fin, hoy no estoy para contar cuentos, me miro al espejo y veo a alguien en quien no me reconozco, no puedo decir si mejor o peor, sólo que no puedo descifrar lo que tratan de decirme mis propios ojos y me extravió en mi propia mirada. No sé si logre reencontrarme y con ello poder responderme ¿Cuánto valgo?

Donde están nuestros niños

No me refiero a nuestros hijos, me refiero a esos niños que fuimos, tiernos, inocentes, alegres, puros...esos que soñaban con ser bomberos, jugadores de fútbol, basureros, astronautas, esos que queríamos jugar con el niño de la casa del frente, o de la esquina, que queríamos jugar con cualquiera que se nos acercara. Donde están esos niños, me pregunto mirándome al espejo, y viendo que en alguna parte de un tiempo pasado me perdí como tantos otros niños, que nunca fuimos lo que soñamos, que ahora ya no saludamos al vecino del frente, y es más no tenemos interés en él, menos en jugar, jugar, si no hay tiempo, ya no tenemos tiempo para jugar, y cuando nos invitan a jugar, pensamos que es una pérdida de tiempo. Donde quedaron esos niños, esos sueños, esos juegos, simples, donde sólo se necesitaban ganas de pasarlo bien, nada más, no se pedía plata, ni hacerse socio, ni ser de ningún partido político, o club deportivo, si eras niño y querías jugar, eras bienvenido, no se te pedía nada, sólo las ganas, ganas de correr, reír. Cosas tan simples, y hoy tan escasas.

Saber lo que se quiere

Lo más importante en toda empresa que quieras emprender, es saber lo que quieres, que es lo que realmente quieres conseguir, una vez teniendo eso, tendrás prácticamente el camino recorrido, porque sino sabes eso, todo lo que hagas no tendrá sentido, gastarás fuerza inútilmente, y no tendrás resultando, cayendo lo más probable en el desaliento. Pero para saber lo que realmente se quiere, no es fácil, hay que ir descartando cosas, desprenderse de otras, es limpiar, como cuando haces un aseo profundo en casas, y ves cosas que guardaste en el pasado y que ahora no tienen mayor sentido seguirlas cuidando, entonces las tiras, y te empiezas a sentir más renovado, tienes claro con lo que te quedaste. De ese mismo modo, debes limpiar tu espíritu, dejar atrás las cosas del pasado que sólo son peso, que son trabas para que avances por la vida, sólo deshaciéndote de esas cosas, encontrarás la fuerza para ver nuevas oportunidades, tu mente quedará más despejada, y sobretodo, debes abrirte, abrirte en el amplio sentido, a conocer, a buscar, a escuchar, a observar lo que quizás antes desechaste de plano por tus antiguas percepciones, debes darle una segunda oportunidad, a veces te sorprenderás hallar respuestas que no pensaste descubrir, el consejo adecuado en esa persona que no quisiste antes escuchar, y cuando aquello ocurra, agradece, agradece de corazón la nueva oportunidad, por que sin dudas estarás creciendo, ni importa cuanto, lo importantes es que no sigues estancado como antes. Una luz al final de la caverna, siempre es un aliciente para continuar. Que tengas un bello día, y que el proceso de limpieza de tu interior, te de fuerzas para seguir en éste arduo camino a la felicidad plena.

Sol de la mañana


El sol entra cada mañana soleada a través de la ventana de mi cocina, y hoy me percaté de ello. No quiero decir que antes no me diera cuenta que eso ocurría, sino que hoy me dí cuenta de la simple importancia que tiene ese pequeño y gran detalle. ¿Cuantas ventanas de cocina reciben el sol cada mañana? no son todas y de ¿en aquellas que entra el sol cuantas personas están en ellas para darse cuenta? ¿cuantas cocinas vacías sin que nadie vea el sol que entra por la ventana? y de aquellas que están ¿cuantas habrá como yo, que no me daba cuenta de lo hermoso que es empezar el día, con el sol entrando a través de tu ventana? Sin duda, deben ser muchos, como habrá otros que ya despiertos de la letanía de la rutina, despertarán contentos al ver entrar esos rayitos de sol, que calientan pero no sofocan, que iluminan pero no encandilan, que alegran con su simpleza. Y ¿en tu cocina entra la luz del sol?

Mi viejo - PIERO

Sábado incierto


Escuchas a tu hijo y tu nuera que discuten acaloradamente por ti. Te sientes muy mal, quisieras decirle que paren pero no puedes, no estás en condiciones. Tomas el bastón y el jockey que tienes a la mano y te deslizas por la puerta del corredor, sales a la calle y el sol del mediodía te recibe. Miras en ambas direcciones cualquiera que decidas está bien después de todo no tienes donde ir. Los vecinos te saludan, creen que vas a dar el paseo de los sábados tú sonríes y devuelves el saludo. Al menos está lindo el día para caminar – piensas- mientras tratas de saber donde llevar tus pasos. Las cuadras te parecen más largas, a pesar que tu hijo suele sacarte a pasear en las tardes, cuando aún no refresca. Estamos en verano por suerte -has dicho- al recordar que olvidaste la chaqueta. No sabes que hacer, no tienes donde ir, ni siquiera dinero, todo lo que tenías se lo llevó la enfermedad de tu mujer, aún cuando no lograron salvarla. No importa te dijiste cuando la velaban en la iglesia, hiciste todo lo que podías por ella ya casi un año de ello. La casa donde vivías tuvo que ser desocupada, pues tus hijos decidieron que era mejor que vivieras con ellos, además que no podían pagar el arriendo. No están los tiempos para pagarle un arriendo al viejo, además que habría que buscarle a alguien que lo cuide, así que nos dividiremos la carga –había dicho tu hija mayor a su hermano- sin darse cuenta que escuchabas. Odette siempre fue así de pragmática, ella buscaba las soluciones prácticas, el resto es darle vueltas al molinillo solía decir. Incluso, ella siempre estuvo en desacuerdo en que gastaras tus ahorros en su madre, después de todo va a morir igual solía decirte. Luego, cuando hubo que trasladarla a un hospital público, te culpó por gastarte todos tus ahorros. Tú aún crees que eso fue lo que terminó con sus ganas de vivir, no soportó ese lugar. Ella venía de otra cuna, y tú diste todo para tenerla en la clínica que le gustaba a ella. Por eso estás en la calle, caminando sin un peso, por tu amada esposa. No te arrepientes, si tuvieras que volver a hacerlo lo harías, la amabas demasiado. Un perro te sale al encuentro, arrastra una correa, debe haberse escapado. Te acercas y le coges. Decides que te acompañe. Ya son dos los que se han escapado, sonríes. La gente los observa, hacen una linda pareja. La vida nos trae más de una sorpresa, nunca tuviste un perro, y ahora paseas con uno cuando ambos no pueden cuidarse el uno al otro. Te has acordado de que si continúas por donde vas, llegarás a una iglesia. Te servirá conversar con Dios un instante. Dejas el perro amarrado en la puerta le dices que espere, que ya vuelves. Te persinas y te sientas en una banca al medio. Al fondo de la nave principal, la figura de cristo te observa. Le pides consejo, hablas con él y encuentras alivio. Sales y tu compañero canino, no está. Quizás lo encontró su dueño, de todas formas fue entretenido pasear con él, piensas. Alguien te toma del brazo, es el vecino de tu hijo. Te pide que te tomes de su brazo, te acompañará devuelta a casa, no te atreves a contarle que te has escapado te dejas llevar. Él te conversa de su padre que ya no está, sin querer comienza a confesarte muchas cosas, es un hombre agradable – te dices - mientras escuchas su historia. A lo lejos ves que vienen tu hijo y tu nuera con cara de preocupación, ella se adelanta con rostro culpable y te abraza. Por la presencia del vecino no dicen nada, se saludan como de costumbre con él. Tu hijo te abraza y ocupa el lugar del vecino. No se atreven a llamarte la atención, sus rostros culpables lo dicen todo. Caminan en silencio, las calles te parecen aún más larga de regreso, al parecer te estás poniendo más viejo –sonríes mientras te dejas llevar.

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¿Cómo se puede vivir después?

Este fin de semana, la muerte de 5 infantes producto del incendio de sus hogares golpeó a dos familias chilenas, una en Santiago y otra en el sur. En la primera murieron un menor de seis años y su hermanita de un año, quienes se ocultaron debajo de la cama y por eso su madre no los encontró. El pequeño en su inocencia, trató de refugiarse y proteger a su hermanita y escogió esconderse debajo de la cama, evitando que su madre los pudiese encontrar. Se pueden imaginar el cuadro, ¿Cómo será para esa madre, saber que los tuvo quizás tan cerca y no pudo salvarlos?

Y en la segunda, fueron tres niños creo que de cuatro, dos y un año. Les juro que no he podido dejar de imaginarme el dolor para esos padres, no sólo perdieron a sus hijos, sino en la forma espantosa que los perdieron. Perder un hijo, un ser que viene de uno, que tiene tu sangre, tus genes, que es una parte de tí que vive y respira por si solo, independiente y dependiente a la vez, que será tuyo hasta el último de tus días, (en éste caso fue hasta el último de sus días) de pronto te hes despojado, ya es tremendo (lo digo desde el punto de vista objetivo, ya que no he sufrido la pérdida de uno) perder a dos o tres al mismo tiempo, no puedo ni siquiera imaginarme lo que se puede sentir, y si además de eso, tiene la carga del sufrimiento de su partida, como fue en este caso, les juro que no puedo ni siquiera dimensionarlo, me sobrepasa emocionalmente.

Veo con preocupación la mirada de los seres humanos frente a éstos hechos, se declara duelo nacional por dos días por la muerte del escritor Gonzalo Rojas (que sin duda lo merecía) y la muerte de estos pequeños dura sólo unos minutos en el noticiario. ¿Qué nos pasa? ¿Nos estamos insensibilizando? ¿Acaso nadie se pone en el lugar de esos padres? una y otra vez me pregunto ¿Cómo se puede vivir después?

¿Hasta cuando?


Me pregunto cada día, hasta cuando permitimos que nos traten como vulgares marionetas, que la pascua de los niños, que el día de la madre, del padre, etc., etc...y nosotros ahí estamos haciendo caso a todo lo que nos dicen, incluso hasta nos dicen lo que hay que comprar, es cosa de ver la televisión y un joven reportero(a) que hace una encuesta de lo que está "in" o "out", cosa de que no vayamos a equivocarnos. Entonces aquel que no tiene plata se la consigue para cumplir con lo solicitado, aquel otro ocupa la tarjeta y se endeuda en la plata que no tiene, porque debemos decirle a nuestra madre que la queremos el día que nos fue fijado, no otro, porque tu opinión no vale. ¿Que va a decir el resto? ¿cómo no le vas a regalar nada a tu madre éste domingo? "pero si es el día de la madre" debes cumplir con el ritual, o ¡¿pretendes ser un mal hijo(a)? Se han preguntado ¿por qué uno tiene que saludar a su madre, sólo el día que le dicen? ¿Por qué hacemos caso? ¿Por qué dejamos que nos dominen? ¿que nos dirijan? ¿tan poca cosa somos, que ni siquiera podemos sacar la voz? ¡es una vergüenza!, ¡una ¡lástima que el ser humano sea tan poca cosa! y ¡nos jactamos del libre albedrío! ja, permitanme una sonrisa...como dicen las lloronas en los velorios, ¡no somos nada! y no importa condición económica, ni estrato social, ni profesión u oficio, impajaritablemente, todos, todos, cumplimos con el ritual.

Para terminar, no se vayan a olvidar que el domingo es el día de la madre, y ya viene, el del padre, luego el del niño, el día del carabinero, las fiestas patrias, navidad, año nuevo, ah! se me olvidaba el día de la patria (que desconsiderado de mi parte)...en fin, les pido disculpas, si me olvide de algún otro día.

¿Quieres Aprender A Publicar Tus Libros En Formato Digital Por Cuenta Propia?

Autor: Ciberautores.Com

Hasta ahora hemos hablado de lo transitado que está el camino convencional de publicar en una editorial. No lo hemos mencionado, pero estábamos refiriéndonos a ese concepto que tantas energías e ilusiones malgasta: la competencia. En un interesantísimo libro, La estrategia del océano azul, sus autores, W. Chan Kim y Renée Maugborgne, explican cómo crear en el mercado espacios no disputados en los que la competencia sea irrelevante.

A esos espacios a salvo de la competencia los llaman océanos azules, en contraposición con los océanos rojos que, en nuestro caso, sería el negocio editorial tal como lo conocemos. Los océanos azules se definen tanto por ser “espacios de mercado no aprovechados”, como “por la creación de demanda y oportunidades para un crecimiento altamente rentable. Aunque algunos de los océanos azules se crean lejos de los límites de las industrias existentes, la mayoría de ellos brotan de los océanos rojos cuando se amplían las fronteras de esas industrias [...] En los océanos azules, la competencia pierde su validez, porque las reglas del juego todavía no existen.”

La propuesta que te presento en estas páginas consiste, precisamente, en crear un océano azul al margen del espacio ya intransitable del mundo editorial y de la industria del libro. Sólo en ese nuevo espacio podrás desarrollar tu vocación de escribir y vivir de tus obras. Se trata de ver el oficio de escritor desde un nuevo enfoque. Para ello, debes tener tu mente abierta a un lenguaje y a unos conceptos que, tradicionalmente, siempre han provocado rechazo entre las gentes de letras y en los grupos de intelectuales. Pero para poder jugar, hay que cambiar las reglas del juego; de lo contrario, sólo te seguirán permitiendo ser espectador.

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Extraído del Ebook "Cómo Ganarse La Vida Escribiendo" Orientaciones para desarrollar la escritura creativa en internet de Jaime González Cordero.

Este artículo ha sido publicado originalmente en http://www.articulandia.com

Dirección original: http://www.articulandia.com/premium/article.php/04-05-2011Como-Ganarse-La-Vida-Escribiendo---Es-Posible-Vivir-De-Escribir.htm

Sobre el Autor

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Submundo


A pesar que se despidió con un beso, le sentí distante, quizás más distante que otras veces. Se que no le gusta lo que hago, ella preferiría que volviera a ser él de antes, sin importar más nada. Aunque le explico mi forma de ver las cosas ahora, no logro convencerla y siento su rechazo. A veces pienso que sólo es cuestión de tiempo, pero luego entiendo que nuevamente me estoy mintiendo, somos tan diferentes, si tan sólo pudiéremos acercarnos un poco, sin que por ello tengamos que perder algo ambos… ella va a su mundo concreto, yo en tanto me pierdo en mi submundo de sueños escribiendo lo que siento.

Rutina


La mujer semivestida afirma el celular entre su hombro y su mejilla, tratando de seguir vistiéndose al tiempo que profiere todo tipo de insultos en contra de su nana que aún no llega, ni contesta sus llamadas. La bebé llora en su cuna; el esposo esta en la ducha. Irritable le hace callar y le grita a él que se apure. La discusión entre ambos no se hace esperar. En eso irrumpe la nana agitada que llega a socorrer la situación. Toma de inmediato a la nenita para que deje de llorar y trata de calmarla, mientras su patrona le descarga todo tipo de improperios por su atraso. La mujer tira el celular sobre la cama y entra en el baño, para terminar de vestirse. La nana, muda al bebé y baja con ella en brazos a prepararle su papa. La discusión marital continúa en el baño. La mujer baja agitada las escaleras, se despide de la criada y sale raudamente al trabajo en su auto. Él aparece sonriente en la cocina terminando el nudo de su corbata, solicita un café, mientras toma a su hija. Se excusa por su esposa y ella asiente sin más.

Sale con su hija envuelta en un chal y se sube al auto. El taco, las noticias, la tía del jardín que lo recibe, el bolso; volver al taco, encontrar estacionamiento y correr al ascensor, saludar a todos, otro café y a retomar el trabajo atrasado.

A mediodía ella arrepentida le ha llamado, pero entre medio descarga el alegato de que nunca llama para saber de su hija, el trabajo acumulado, que por algo está pagando para que cuiden de su hija –son las excusas de él- tú no entiendes nada - ha dicho ella- y nuevamente terminan disgustados. Llamados de clientes, solicitudes, deberes, por fin el horario de colación. Salir del edificio, buscar un local de comida rápida para volver luego. Coger la bandeja, tragar, volver a correr al ascensor. Otro café. Una reunión extraordinaria. No me pase llamadas, la instrucción a su secretaria. Problemas, su jefe descontento, un caso urgente que resolver. Todos se han ido, es tarde. Sobre su escritorio, un recado de su secretaria. Su mujer no pudo ir a buscar a su hija, llamaron del jardín. Correr, el taco, llamar a la tía que lo espere. Excusas, no volverá a repetirse, perdón, tiene toda la razón. Envolverla bien en el chal y al auto. El taco, algo de música, el celular, su mujer llamando, conversación, discusión; “yo tenía turno”, “y yo estaba en una reunión”, ninguno quiere ceder, en tanto la bebé duerme con la cabecita doblada. La nana está impaciente, le recibe a la nena, la saca del chal, le baña, le deja tomada papa, se despide, ella también está enojada. Él aguanta, la necesita. Se sienta en el sofá a ver las noticias, se duerme. Ella llega, le despierta, calientan la cena, se van a la cama. La bebé dulcemente duerme. Prenden la tele, conversan en voz baja, está linda dicen mientras la ven. La comida se enfría, la dejan a un lado. Se piden disculpas, se besan se abrazan. Ponen la alarma, se juran amor, el sueño los vence.

Suena la alarma, y todo vuelve a comenzar, ojalá que la nana no se atrase hoy- piensa ella mientras entra al baño, él se despierta, la guagua llora, busca el chupete, la guagua se calma. Llega la nana temprano, por suerte la rutina avanzará de modo normal.

Dignidad

Cuando se pierde la dignidad, se pierde todo. Es como dejar caer un jarro de porcelana y ver como se quiebra en mil pedazos, así me sentí, ...