¿Es aburrida tu vida?



Más allá de la respuesta que se te venga de inmediato a la mente, el asunto es ¿Qué tan consciente eres de tu vida? y con esto me refiero a que sin duda la mayoría son rutinarias, pero esa no es la cuestión. El tema es cómo vives día a día, hora a hora, minuto a minuto. Con esto quiero decirte, que, a pesar que realices aparentemente lo mismo, en el fondo depende de ti que sea aburrido o incomparable, ya sea que cambies el trayecto a tu trabajo, acudas a un restaurante distinto de aquel donde habitualmente almuerzas, que te juntes con un amigo(a), un hijo(a), vayas al cine o invites a tomar un café después del trabajo a alguien que hace tiempo no veías, o simplemente camines, disfrutando de un instante para ti (algo que pareciera estar en extinción por estos días) Un instante “para uno mismo” puede ser más que la diferencia de tu día.
Siempre, y créeme cuando digo siempre, existe la posibilidad de que tu vida sea otra, y de ti depende que sea una oportunidad maravillosa. Si luego de leer esto piensas que la tuya es aburrida, entonces date por afortunado, pues estás a tiempo de cambiarla, pues reconocerlo es el comienzo del camino; y si por el contrario, eres de esas personas que hace de cada día una experiencia especial, tienes la responsabilidad de ayudar a otros. No hace falta que prediques, son los hechos los que mandan, cuando otros vean la sonrisa en tu rostro y la luminosidad en tus ojos, créeme que se van a preguntar a que se debe, y si eso les hace click, ya habrás cumplido. Y tú ¿En qué grupo estás?

El monte que quería ser montaña

Cierta tarde en que el viento danzaba alegre sobre las llanuras, escuchó a un pequeño monte lamentarse, intrigado bajó para preguntarle ¿Qué es lo que te aqueja?
¿Acaso no lo ves? contestó el pequeño monte molesto.
No- dijo el viento aún sin entender. 
No te das cuentas que estoy rodeado de montañas ¡Mira a tu alrededor! ¡Majestuosas y enormes montañas me rodean!
- ¿Y? interpeló el viento. ¡Cómo que ¿y?! ¡Cómo que ¿y?! repetía malhumorado el monte, cada vez más acalorado. No tes das cuenta que soy la vergüenza del lugar. 
¿Por qué? 
Porque soy el único pequeño aquí, ellos son magnánimos, inmensos. Todos se maravillan por lo imponente que son, en cambio yo, mírame, pequeño, sólo recibo el sol del mediodía, el resto me lo quitan ellos. Odio ser tan pequeño, si tan sólo fuera inmenso como una montaña - repetía el pequeño monte. 

Entonces, el viento se alejó silente, lo que dejó aún más molesto al pequeño monte. 

Tres días más tarde, volvió el viento en compañía de un ángel, a conversar con el monte.

Hola monte - saludo el ángel. He venido a verte pues el viento me dice que te aqueja tu condición.
Si, ángel, mi vida es muy triste como monte, yo quisiera ser una inmensa montaña, la más grande de todas, para ser la más imponente.
¿Estás seguro? insistió el ángel.
Sí contestó el monte, contento porque iba a dejar de serlo.
Esta bien, dijo el ángel. Esta noche te convertirás en la montaña más grande del valle.

Y así sucedió, durante la noche, el pequeño monte, comenzó a crecer, y crecer, superando a sus pares.  
Amaneció dichoso, y cuando lo visitó el viento. Le manifestó su alegría. 

Pasaron los días y el cerro convertido ahora en montaña, estaba radiante, pues era él, quien daba ahora sombra. Nadie llegaba a su cima, ni siquiera los cóndores. 

Al pasar los meses, la montaña, pensaba que la primavera y el verano se habían perdido, pues sólo sentía frío, pues siempre se encontraba rodeado de nubes y nieve y ya no tenía en sus laderas pastos para que vinieran a comer los animales, ni nadie lo visitaba. 

Una mañana escuchó a una de sus hermanas montañas decir- que falta nos hace el pequeño monte, él era el único puente entre los hombres y nosotras, hasta él acudían siempre y podían sacarnos fotografías, escuchábamos sus risas, sus voces, podíamos ver sus animales. Desde que apareció esta montaña, todo el valle se ha oscurecido, y se eliminó el acceso para llegar a nosotras.De vez en cuando aparece un grupo de escaladores, pero cada vez es menos.  

Otra, agregó - he escuchado que los habitantes del pueblo se están mudando hasta un lugar maravilloso, donde existe un monte rodeado de montañas.

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No deseo nada...

Me preguntan que quiero para navidad y se asombran cuando respondo ¡No deseo nada! y es verdad cuando lo digo, y no estoy deprimido o de mal humor, todo lo contrario, me encuentro en plenitud, he logrado el desapego de las cosas materiales y es una sensación increible, que me conecta mucho más con la tierra, las plantas, los seres vivos, la música, la respiración y el tiempo presente. 

Soy capaz de disfrutar y hacer de cada instante un momento mágico, ya sea conversando, contemplando, leyendo o simplemente escribiendo lo que siento, pienso y sueño. Es cómo estar siempre listo para emprender el vuelo ¿o acaso ves que los pájaros llevan algo sobre sí para volar? No, sólo sus alas limpias, para agitarlas y surcar los cielos. Libre, libre es como me siento, tal si fuera un pájaro para surcar los cielos de la felicidad, es por eso que las cosas materiales deben ser sólo eso, algo que nos sirve, pero que no debe ser el ancla para emigrar, para que el velero de los sueños, pueda surcar los mares de la imaginación y creación.

No deseo nada, pues lo tengo todo lo necesario, para caminar en plenitud por el camino de la vida.

Hablas, hablas, hablas



Seis meses, dos semanas y tres días de aquella fatídica tarde, seis meses, dos semanas y tres días en que mi alma perece hora tras hora, noche tras noche y tú te has encargado que ello ocurra sin darme un minuto de descanso, como si fueras el centinela que complaciente, vigila se cumpla mi condena.
Sin más, desde lo más recóndito
de la noche te asomas con esa sonrisa hiriente para gritarme a la cara una y otra vez cómo ocurrieron los hechos, y no cesas en tu afán de destruirme y, hablas, hablas, hablas preocupada de mantener abierta la herida y nada te detiene a pesar de mis constantes súplicas, y que en más de una oportunidad me has escuchado gritarte ¡Que te calles! ¡Qué dejes por un instante de mortificarme!
Lo he intentado todo, desde esperar el silencio nocturno de la noche, para pedirte perdón, para reconocerte mi culpa, pero te mantienes distante. Desde el funeral, mi hijo mayor no me dirige la palabra, cómo quisiera que tú también hicieras lo mismo, para que al menos por una noche pudiera conciliar el sueño. Al principio cuando el insomnio me hacía compañía, llegué a justificarlo y entender que lo merecía, pero luego mi desfalleciente cuerpo pedía misericordia, y cuando veías que la fatiga me abrazaba y me abandonaba en ella, susurrabas a mi oído palabras horribles para que despertara inquieto, y entonces empezabas nuevamente tu calvario nocturno. En más de una oportunidad, mi desesperación me llevó a golpear las murallas de la habitación, haciendo que la sangre brotara de mis nudillos y caer rendido al suelo, concentrándome sólo en el dolor de mis manos con tal de no escucharte, pero, a pesar de todo, no dejabas de cumplir tu cuota de tortura, y me atormentabas con tus palabras, enrostrándome mi culpabilidad. Dominique la  menor de mis hijas, suele decirme al momento de despedirse en sus visitas de los domingos-  No te atormentes más papá, fue un accidente, no fue tu culpa ¡Pero no es así! ¡Fue mi culpa! ¡No debí, no debí! Contestar esa llamada…quizás tu madre estaría viva. ¡Maldita sea! ¡No debí, no debí!
Hoy, he ido con Luis el policía, en busca de la solución para terminar con esto. Es pequeña, liviana, pero sobretodo efectiva a poca distancia- me ha dicho- antes de pasármela. Luego me ha indicado, cargas, sacas el seguro y apuntas al blanco antes de jalar el gatillo, no puedes fallar, es infalible. Esta noche, he cargado sólo una bala, será suficiente, he sacado el seguro y te apunto ¿Estás lista para tu partida? Yo también, sólo me queda apretar el gatillo, ahí voy… la sangre ha bañado el espejo donde me contemplaba y he sentido como estalló mi sien, y entonces sonrío, sonrío en el momento que todo a quedado a oscuras, pues por fin he logrado que te calles para siempre, maldita conciencia.

Dignidad

Cuando se pierde la dignidad, se pierde todo. Es como dejar caer un jarro de porcelana y ver como se quiebra en mil pedazos, así me sentí, ...