Paciencia



La paciencia es la actitud que lleva al ser humano a poder soportar contratiempos y dificultades para conseguir algún bien. De acuerdo con la tradición filosófica, "es la constancia valerosa que se opone al mal, y a pesar de lo que sufra el hombre no se deja dominar por él". Qué bonita palabra paciencia, desde su fonética hasta su significado me agradan, tiene música, tiene magia, tiene alma. Y sin lugar a dudas, ha sido mi gran compañera estos últimos años, donde he aprendido a valorarla, y a tratar de cultivarla, y digo tratar de cultivarla, porque sin duda, perezco en el intento. Me falta sabiduría para llegar a ella, pero sin embargo, le observo, le admiro y desde la distancia como un niño, me asomo a otearla sin que ella se de cuenta, y veo su cabellera cana, que rueda por sobre sus hombros desnudos, mientras su túnica de luz la envuelve en algo mágico que se confunde en las entrañas de mi conciencia. Es que apenas logro percibirla, su diminuta figura se desdibuja en el mundanal ruido y camino tras ella a tropezones, mientras la gente, la empuja, la ignora, y a veces le insulta. La velocidad del tiempo, la ha corroído y cada vez, somos menos quienes sabemos de ella, como si fuera un ave en extinción, todo por la torpeza de correr, de ganar, de llegar primero, como si en ello se nos fuera la vida.
Aun a fuerza de ser ignorada por la mayoría de nosotros, ella se pasea siempre atenta a quien la pueda necesitar y apoya su mano en el hombro de aquel caído, o de la pena de una mujer que llora por la enfermedad incurable de su niño. Donde más se le ha visto, ha sido en pasillos de hospitales, conversando con enfermos, pacientes, o visitas. A veces camina de la mano, de un hombre que solo se apoya en su bastón, y le conversa en su lento andar. Otras acaricia los cabellos de los niños, que se aburren y lamentan por la larga espera… sea donde fuere, su voz apaciguadora llega a los que logran escucharla, y es sin duda una gran amiga, esa que te da fuerza en los momentos de flaqueza o que simplemente está ahí cuando más la necesitas.
Por eso, si de pronto la divisas cuando te mueves entre la muchedumbre, detente un instante a observarla y de seguro te devolverá una mirada, que te envolverá en un halito de paz, como nunca has soñado. Abrázala entonces como si temieras que si la sueltas se ira y no volverá. Cada día que pasa, son menos los que logramos verla y supongo que muy pocos habrán logrado hablarle, yo en tanto de vez en cuando le busco con necesidad materna y quisiera cobijarme entre sus pechos y quedarme definitivamente dormido entre sus brazos.

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