Vejez


Desde pequeño me gustó observar a la gente mayor, siempre me llamaron la atención las canas, pero en el mejor de los sentidos, solía pensar en que ellos tenían un gran tesoro llamado "experiencia", habían recorrido caminos que yo ni siquiera lograba distinguir y me apasionaba escuchar sus historias. De algún modo pensaba que tal vez podía ahorrarme camino, que tal vez podría aprovechar los diferentes atajos en la cumbre de la vida. Luego aprendí que cada sendero es diferente, es personal, único e inigualable, inimitable. Porque aunque sigas las huellas de tus padres, quizás sólo puedas pisar las primeras, tarde o temprano, tendrás que pisar por ti mismo y serán tus huellas las que irán dejando el trazo de tus pasos. Sentado en algún sector de la montaña de mi vida, alcanzo a distinguir sólo algunos de mis pasos, sin duda los más recientes, ya que los anteriores lo más probable se hayan borrado con el tiempo. Pero veo más abajo los pasos fuertes y enérgicos de los que vienen más atrás, corriendo por alcanzarme y pasarme y por más que trato de decirles, que no se apuren, que cuiden su tranco, que de todas maneras llegarán, no me escuchan, como quizás tampoco lo hice yo en su momento. Y a pesar que ahora debo pararme a descansar para tomar más aliento, ese tiempo me permite contemplar el valle de los sueños y el sendero de la felicidad, ese por el cual transitan los sabios, los humildes, los de corazón grande, los que se preocupan más en dar que en recibir, y entonces valoro la vejez y admiro con más ahínco las canas de los más viejos, y también me alegro de tener las propias, porque eso me recuerda el tiempo pasado y el camino andado. Desearía que fuéramos más orientales cuando se trata de hablar de los viejos y el respeto que ellos se merecen, no por nada llevan canas y sin duda cada una de ellas es un baluarte digno de mi admiración. Cuida y respeta a los mayores, no por nada han andado más camino.

Meditar



La meditación (del latín meditatĭo, -ōnis) describe la práctica de un estado de atención concentrada, sobre un objeto externo, pensamiento, la propia consciencia, o el propio estado de concentración.

Sientate, acuestate o colocate apoyado contra la pared, lo importante es que adoptes la posición más cómoda y en la que puedas permanecer el más tiempo posible, luego inhala - exhala, y mientras lo repites, toma conciencia en éste acto, de tu cuerpo como el gran envase de tu espíritu, toma conciencia del tiempo presente, de tu respiración, de cada órgano de tu cuerpo y verás que algo comienza a pasar dentro de ti, sin que tú lo controles, una paz comenzará a invadirte, un letargo emocional, que se apoderará poco a poco de tu organismo, relaja tu rostro, el cuello, los hombros, la espalda, dejate abandonar y en ese estado de relajo, imagina que en el centro de tu cabeza se abre una pequeña abertura donde viertes agua tibia, deja que esa agua te recorra interiormente hasta el más mínimo rincón y toda la mugre interna liberala a través de tus extremidades, manos y pies, deja que el agua circule y fluya sin poner resistencia para que te vayas limpiando, purificando. Una vez que sientas que toda la escoria interior se ha aflojado y liberado, cierra las compuertas y por la misma abertura deja entrar ahora la energía cósmica, sentirás que la misma es más densa que el agua y a medida que va ingresando y ocupando espacio en tu organismo y sentirás una presión en el pecho, como si tus pulmones se hubiesen dilatado, y tus hombros extendidos, probablemente sentirás un peso en tus hombros, deja que las cosas fluyan, hasta que estés pleno. Entonces tu respiración será apenas perceptible, mantén ese ritmo tardío, y abandonate, dejate llevar, entregate en cuerpo y alma, tal vez ocurra algo muy especial que nunca olvidarás. De no ser así, no te preocupes, sólo regresa voluntariamente poco a poco, hasta que vuelvas a tomar conciencia, controla la respiración, mantén la concentración de la respiración y vuelve muy lentamente, abre los ojos despacios...

Sin duda la meditación, elevará tu espíritu a sensaciones más sublimes y te volverás más sensitivo ante las armonías y vibraciones de tu entorno, quizás sentirás a las flores, las aves y o los animales domésticos, camina por la playa e interna los pies en el mar y sentirás la vibración marina, creeme que no hay medio de transporte más especial que te pueda transportar en ésta vida.

Un abrazo cósmico y disfruten la experiencia.


¿Y tú, que esperas?


Pensamos en aquello que nos pasa, en aquello que sentimos, o que hemos dejado de sentir, en aquello que teníamos, en lo que nos hace falta, en el futuro o en el pasado, en fin, pensamos, pensamos, pensamos, cuando lo que debiéramos hacer es exactamente lo contrario, “es dejar de pensar”. Cuando lo hacemos, nuestra mente acostumbrada a estar activa busca entonces en que ocuparse y los sentidos se alertan, se produce una alteración interna que nos mueve en forma distinta, y entonces vemos aquello que estaba enfrente de nosotros y que no veíamos pues estábamos ocupados en pensar, o escuchamos aquello que nos decían o nos dijeron tantas veces pero que por estar pensando no logramos captar, y es entonces cuando sentimos que logramos abrirnos como se abren las flores al sol y permitimos que nos abrace la luz, que el cuerpo hable, que las sensaciones se apoderen de nosotros y nos invadan las emociones. La claridad se adentrará por esos embrollos oscuros que nos mantienen en tinieblas,  y el dejar fluir nos permitirá entrar en conexión con el  todo y la nada al mismo tiempo, y las nubes de tormento se disiparán de tu mente. Te invito a poner la radio, cerrar los ojos y escuchar una canción, sólo escuchar la melodía (sin importar si conoces o no la letra) trata ahora de rememorar cuando la escuchabas, ¿que sensaciones te producía, que sensaciones te produce ahora? recuerda sólo estamos hablando de sensaciones, déjate llevar sin trabas, olvídate de los pensamientos, date permiso por un instante, sólo para sentir…aún con los ojos cerrados e independiente de la música concéntrate ahora en tu cuerpo, en tus párpados, en tu boca, en tu cuello, en tus hombros, en tu espalda y ándate redescubriendo  físicamente, escucha lo que te dice tu organismo, quizás tengas un nudo en la garganta, como tal vez un dolor en el cuello, y quien te dice que tal vez tus manos te reclamen caricias, y más que pensar en ¿cuanto tiempo no estás con alguien? es preguntarte ¿cuanto llevas sin hacer sentir a tu cuerpo de verdad, cuanto tiempo que lo has privado de caricias puras, cariño, dedicación? ¿Hace cuanto que te alimentas de desdichas, preocupaciones por cosas mundanas a pesar de que no has perdido ninguno de tus cinco sentidos? ¿Qué esperas? ¿Qué te digan que vas a perder la vista? para mirar el sol, que perderás quizás el oído para tratar de escuchar el silencio, que no podrás oler, para concentrarte en el aroma de un café, una flor, el bouquet de la comida, el olorcito de la piel de tu hijo(a), de tu madre, o de ti mismo, esperas la posibilidad de quedar inválido para que sientas la urgencia de salir a correr, caminar, o bailar. En fin, podría decirte muchas cosas más, pero de nada servirán mientras no dejes de pensar. Anda coge un libro, mándale un mensaje a un amigo, escribe en un papel un deseo, cómprate un chocolate, sale a caminar, ve al cine, mira una puesta de sol o un amanecer, la luna o las estrellas, lo importante de veras es que tengas un momento para ti, para sentir, sólo sentir, dejando que las cosas fluyan, porque la vida se construye segundo a segundo, minuto a minuto y tú decides a voluntad como quieres que siga.

La vida te va entregando minutos gratuitamente (todavía no tenemos que pagar por un día más, un sueño más, una dicha más, una contemplación, una esperanza, un suspiro, una respiración) sólo depende de ti si esos minutos se los pasas a otros para que dirijan tu vida, o si los dejas olvidados, o si los canjeas por dinero o cosas, si los malgastas siendo desdichado o si los disfrutas a tu antojo, todo, absolutamente todo, aunque no lo creas, depende de ti.  
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¿Qué hacer?

No saber que hacer se ha transformado en una constante por estos días, y es que mi mente está obnubilada, las dudas se golpean entre sí, y vuelvo a caer al abismo de la estupidez, si, digo estupidez porque siendo ya un proceso reiterativo considero que no puede ser otra cosa que estupidez pura, en su máxima expresión. Y desde la ventana de la cordura me apoyo en la conciencia para tratar de entender mi proceder, acaso mi desvarío y mientras contemplo mi ser en el espejo de la realidad, no puedo tener clemencia de lo que veo, porque no teniendo excusas aún no defino de una vez por todas que es realmente lo que quiero y me sigo arrastrando en una quema de horas que además arrastra a mis seres queridos al ver que no avanzo y me revuelco en la mediocridad. Es duro aceptarlo, aunque la indolencia ya es parte de mi piel, mi mirada taciturna se quedó apagada en unas horas pasadas y no logro ver la luz que me indica mi corazón, si, por que a pesar de toda esta desidia mi alma se encuentra serena y esa extraña calma es la que más me desconcierta, puesto que aún sin dar paso alguno, el desasosiego que me sobrecoge es meramente mental, quiero decir racional ya que en lo más insondable de mi entrañas la quietud se mantiene para mi sorpresa incólume. Y entonces deseo abandonar esta postura ilógica he intento obligarme a hacer aquello de sentido común, ese mismo sentido común que reniego pero que en el fondo ante el fracaso de mis actos, me veo forzado a tener que aceptar, por que ya no logro disfrutar mi libertad. Todo me empuja a perderla y con resignación trato de autoconvencerme, que es por un tiempo, que es necesario, que no significa renunciar a mis sueños, y de pronto sobrevienen las dudas nuevamente, acaso esos sueños no son más que una quimera que no tiene mayor alojamiento que en mi imaginación como una especie de salvavidas creado por mis tribulaciones y temores infantiles. Y trato de masticar, roer, y destrozar todo disfraz creado en el pasado para reencontrarme con mi esencia y me sumerjo en un mar de sensaciones que me arrastra sin poder aferrarme a algo que me sostenga y entonces en el vacío de las emociones sucumbo sin fuerzas, mientras el sonido del tiempo martilla mis oídos y mi inconsciente. ¿Qué hacer? Se repite en mi mente como el ir y venir de las olas que golpean el arrecife de mi vida y no teniendo una respuesta me aporreo contra las rocas de la realidad como una tabla a la deriva, esperando que quizás algo o alguien me rescate, aún teniendo plena consciencia que ello no ocurrirá.

Asombrarse


De acuerdo a la designación simple del diccionario, es “Sorpresa, o causar admiración” y entonces me pregunto ¿Será un término en extinción? Recuerdo que cuando niño uno se asombraba cuando iba al circo y veía un acto de magia o de equilibristas en las alturas, las piruetas de trapecistas, etc. A los ojos de un infante por entonces, prácticamente todo era asombro. Vienen luego los recuerdos de las primeras navidades y la magia del viejito pascuero (de aquel que bajaba por la chimenea para dejarte los regalos), y trato de continuar y aquí caigo en un profundo pozo, en una laguna de tinieblas donde los recuerdos asombrosos suelen tomar una connotación distinta, e inclusive “ridícula” para los tiempos actuales, como por ejemplo descubrir de donde venían los niños, o la sensación que te provocaba el saber que la niña que te gustaba te mandara un mensaje (no de texto, por entonces no existían los celulares) con un amigo, a veces un papelito de cuaderno, o simplemente un recado, para que nos juntáramos en la plaza, donde íbamos en grupo, y nos acomodábamos en una banca a conversar, sí a ¡Conversar! Sin fumar nada, ni ingerir alcohol, entre las seis y las nueve (en verano) antes en invierno. Hoy me asombro de haberlo vivido, porque parecen cosas de un siglo pasado, de novelas, de películas antiguas. Y entonces miro a mi alrededor, y lo que me asombra es que ya nadie “se asombra por nada”, casi parece una estupidez siquiera mencionarlo. En mi jardín de la casa, apegado a los ladrillos de entrada, salieron un racimo de honguitos color lila que miden unos 3 centímetros, son preciosos, pero díganme ¿a quien se los muestro? Lo más probable es que empiecen a darme consejos de cómo exterminarlos o echar éste u otro producto para evitar que salgan, etc., en vez de maravillarse por su sola aparición. Además una serie de gorriones, colibríes, zorzales y otros visitan la parte trasera de la casa, donde les dejo alimento, y me asombra lo sociales que son, cada uno respeta al otro, bajan, echan el alimento al piquito y luego se retiran, todos se alimentan y viven en armonía y me alegran con sus gorgoreos las mañanas. Desde la ventana del living de mi casa, veo las nubes, los cerros, amaneceres, atardeceres y aun me asombran sus colores, su magnificencia. Cuando llueve, me quedo escuchando el sonido de la lluvia, y me asombra de pronto la fuerza de la naturaleza y más me asombra que sea ¡Gratis!, en éste mundo que pareciera que hasta para respirar hubiera que pagar. Cada noche la luz de luna se cuela por la ventana de la cocina y no me deja de asombrar que ese satélite natural pueda reflejar la luz del sol a tanto miles de kilómetros. En fin podría nombrarte mil cosas más que aún me asombran, pero que tal vez no compartas como la mayoría… sólo me queda preguntarte ¿Y a ti hay cosas que te asombren?

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¿Por qué?


Los más dicen que fuimos creados a semejanza de Dios, y hasta cierto punto es creíble, pues podemos ver más allá de lo que pueden nuestros ojos, somos capaces de oír voces del más allá, somos la única especie que hace el amor, que crea, se maravilla, y otras más. Entonces me pregunto yo ¿Por qué? sí, ¿Por qué vivimos así? Si así ¿Cómo? me preguntarás. Y antes de responderte, permíteme hacerte otra pregunta ¿Crees que alguno de nosotros vive a semejanza de Dios? Es decir, ¿Crees que Dios iría todos los días a trabajar de cajero a un banco, o como guardia de un supermercado, o como conserje o bien como abogado de un estudio, o enfermera, profesor, ingeniero, etc., etc. para cumplir horarios, metas, para endeudarse, y llenarse de cosas, que al final de su vida no le servirían para nada, pues se iría tal como llegó? Y suponiendo que fuese así, ¿Para qué entonces nos dio la imaginación? ¿Para que la capacidad de soñar? ¿Para que la capacidad de maravillarte por la vida? ¿De que le puede servir a una cajera de supermercado? Sólo la distraería…ya sé, me dirás que mi punto de vista es demasiado negativo, porque esa cajera, después de su trabajo puede llegar a su casa, donde la esperan sus hijos, y entonces ella se sentirá feliz en ese mundo, ya que con su trabajo (que le absorbe la mayor parte del día) sus hijos (que son criados por terceras personas, abuelas, parejas, jardines, nanas) tienen para comer, vestirse, ir al colegio, y tener un techo. Ok, pero fíjate bien que los animales a su manera consiguen lo mismo y con menos esfuerzo, de hecho sólo los animales domésticos obedecen, el resto se las arregla solo, cosa que nosotros no podemos decir lo mismo, ya que dependemos de todo y de todos. ¿O acaso el indigente que duerme en la calle, no depende de la caridad de otros?

A veces me pregunto ¿Cómo sería el Jesucristo moderno? ¿Qué país elegiría para nacer? (Con tanto conflicto bélico y locos sueltos) ¿Cómo vestiría? ¿En que trabajaría? ¿Sería profesional? (¿podría optar a crédito universitario?) ¿Tendría tarjetas, chequera, cuentas bancarias en dólares? ¿Sería nuevamente hijo de un carpintero? ¿Se atendería en hospitales públicos? ¿Iría a programas de farándulas o se metería en un reality? ¿Qué diría el Papa si él le dijera que volvió? ¿Se comunicaría con sus fieles a través de Facebook, o crearía su propio twiter?

Y si él viniera y se presentara en tu casa y te preguntara ¿Por qué vives asÍ? ¿Qué le responderías?

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La Casona y el perro lanudo

  Déjate llevar me decía mi inconsciente como si fuera la dulce voz de mi madre, parsimoniosa, la escuchaba una y otra vez, mientras hacia e...