Revisó cada
detalle, su peinado, su vestido, el maquillaje, todo debía ser perfecto. Los
preparativos para recibirlos estaban coordinados, las sillas dispuestas
correctamente, a un rincón las cosas que se servirían. No consentiría ningún
tipo de crítica. Repasó los últimos detalles. Se asomó a la ventana y comprobó
que los primeros autos estaban estacionándose. La noche era agradable, entre las nubes se apreciaba
la luna sonriente, el patio se encontraba iluminado, entonces se recostó
satisfecha. Poco a poco fueron llegando. El comentario general entre los
asistentes fue lo bonita y elegante que lucía aún en el féretro.
Es tiempo de contemplación, desde la meseta de mis años observo la llanura de mi pasado y el pasto es verde, frondoso. Entonces abro las alas de mi espíritu y planeo de vez en cuando, y me elevo a cada instante buscando la plenitud de mi vida.
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Lucrecia
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