Las moneditas



Doña Magdalena es de aquellas comerciantes que van quedando a la antigua, y es porque su padre también tuvo almacén, por eso cuando da un vuelto se toma el tiempo suficiente para entregar hasta el último centavo.
Aquella mañana Gustavo, un empleado de una textil, estaba como siempre apurado, más no quiso ser descortés con ella, y espero el ritual pacientemente, mientras la mujer contaba en voz alta el vuelto que le entregaba. Molesto por el atraso que aquello provocó, al salir del almacén lanzó a la calle dos monedas de cinco pesos, las que fueron a parar distantes una de la otra.
Una madre a esa misma hora llevaba a su pequeño hijo al jardín, el cual semidormido caminaba con la cabecita gacha. De pronto sus ojos se iluminaron por el brillo que emitía una de las monedas,  soltándose de la mano de su madre, corrió a cogerla y una vez en su mano le gritó, mira mamita me encontré una moneda de oro, ¡¡¡soy rico!!! Exclamó dichoso. Minutos más tarde, salía aún más contento del almacén de doña Magdalena, convencido que la barra de chocolate que tenía en el bolsillo, la había comprado con su monedita de oro. La sonrisa de su hijo, alegró la mañana a su madre quien después de darle un apretado beso, corrió para no llegar tarde a su trabajo.
En el trayecto se topó con Malungo (como le decían en el barrio a aquel hombre de la calle que dormía por el sector) y que le pidió una moneda como solía hacerlo todas las mañanas. Ella fiel al ritual se  la dio pues el hombre le recordaba mucho a su padre. Él siguió su camino y antes de llegar al almacén de doña Magdalena, encontró la otra monedita. Se agachó con el esfuerzo que le tomaban los años, la besó mirando al cielo “una monedita de la suerte” - se dijo, convencido que ese sería un buen día.


Soy culpable





Soy culpable de aquello que no dije,
cómo de todo lo que expresé de mala forma,
soy culpable de cada uno de mis actos
e inclusive de mis pasividades.

Soy culpable de lo que pensé o soñé,
de lo que me ilusionó o me paralizó,
de mis éxitos y de mis temores.
Soy culpable por haberte amado en silencio,
de haber bajado la vista
cuando tus ojos se encontraban con los míos,
de callar cuando mi corazón latía a borbotones por ti.

Soy culpable de haberme acercado a tu cuerpo y
haber sentido el sabor de tus labios,
de haber recorrido cada palmo de tu piel,
y estrechado contra mí, cuando una parte de ti se resistía.

Soy culpable, de que aún no te olvide,
pero por sobre todo,
soy culpable,
por haber huido de tu lado,
cuando quizás comenzaba a amarte.


Soy culpable…

¿Que buscas?



¿Qué buscas? Era la pregunta que una y otra vez me hacía, mientras el viaje en el metro se tornaba cada vez más insoportable a esa hora de la tarde, cuando las miradas de los ausentes seres a mi lado ni siquiera se sostienen por el peso de sus abrumadas vidas ¿Y la mía? ¿Tendrá la misma sensación de ausentismo y desidia? me pregunto- parado en el centro del vagón. A través de las ventanas, logro distinguir las luces del túnel pasando intermitente a medida que avanzábamos hacia la otra estación.  Aún, no sé lo que busco, me cuestiono mientras me distrae la muchacha que acaba de subir. No es su belleza lo que me cautivó sino la pureza de sus ojos diáfanos, cómo los de Dominique esa muchacha de sonrisa liviana y caderas ligeras que llegó a mi vecindario una tarde de otoño cuando aún no cumplía los quince. Llegó a vivir en la casa verde, esa que todos decían estaba embrujada, después que habían muerto un par de ancianas hace ya varios años y nadie lograba pasar más de un año habitándola (a pesar que era el arriendo más barato) Dominique tenía un cuerpo delgado, pechos pequeños, y unas caderas anchas que me entrenaron en las artes amatorias por aquellas tardes de invierno que pasamos juntos en el dormitorio de doña Clementina, una anciana de torso curvado que cuidaba la casa, y cuya habitación quedaba al final del patio trasero, donde el pastor alemán permanecía amarrado de día y no dejaba de ladrar al vernos retozar desnudos. Recuerdo que justo en el momento que lograba el éxtasis, emitía un suspiro quejumbroso, abría sus enormes ojos avellana y se me quedaba contemplando como en una ensoñación profunda ¿Qué será de ella? ¿Se habrá casado? ¿Tendrá hijos? Observo a la muchacha bajarse y perderse entre el gentío. Así fue con Dominique, no dijo nada. Cuando llegué a buscarla, doña Clementina me comunicó su partida. El aviso decía con dos años de experiencia en el cargo, tuve que mentir y decir que llevo más de tres donde actualmente trabajo, si me piden referencias estaré en problemas. Don Eduardo no me soporta, luego que Bernarda su secretaria (y amante) lo dejara por mí. En realidad, debo confesarles que me utilizó para deshacerse del vejete, no vayan a creer que soy todo un don Juan, lo cierto es que disto bastante de ello. Sólo con Dominique fui capaz de ser yo mismo, con ella podía entregarme en cuerpo y alma, nunca más lo he logrado. Debo preguntar si también trabajan los sábados, no quisiera tener que hacerlo. A pesar que ahora con la enfermedad de mi padre, y lo menguada de su pensión, se hace totalmente necesario que no piense en mí, sino en un mejor salario para ayudarle a mi madre, la pobre, con el planchado ya tiene suficiente. Además mamá no sabe que en la última visita el doctor Bermúdez, me comunicó que papá estaba desahuciado, y que no pasará del próximo año. La vida se torna dura a veces, pero son las miradas de la muchacha aquella o las de Dominique la que le devuelven a uno el sentido a la vida. Lo cierto es que después que su familia dejó la casa verde, nadie más volvió a arrendarla. Un año más tarde la vendieron y la destinaron a bodega de una empresa textil. Sus paredes se fueron destiñendo como nuestras vidas, el barrio entero cambió, mis amigos partieron, los vecinos fueron muriendo, y las casas se fueron apagando. Me toca bajarme en la estación siguiente. La loción del gordo a mi lado, me marea, no creo que pueda soportar vivir en esta metrópolis. Recuerdo que antes de que papá enfermara le hablé de comprar la casa verde. Me gustaba esa casa, sobretodo el patio con el parrón, el naranjo y el damasco donde me encaramaba con Dominique para besarnos a escondidas de su hermano menor. Nunca fui tan feliz, como en esos meses que compartimos. Recuerdo los domingos a la hora de la siesta, cuando doña Clementina salía por el día, y nos colábamos por la ventana de su habitación para dormir abrazados, me encantaba contemplarla mientras lo hacía. Sobretodo me fascinaba el momento en que se despertaba, aún somnolienta, con los párpados pesados y me quedaba mirando con tanta ternura. Un hombre me empuja y deseo golpearle, pero una mujer se atraviesa y he quedado con la rabia. Observo la hora y voy bien. Hace un día frío, pero es más bien un frío de lunes, a pesar que es martes, se siente ese frío que aplasta, nubla las ideas y el ánimo. Quizás no fue un buen día, para aceptar la entrevista. Se lo debo a don Alberto, él siempre me está tratando de ayudar. Debo ser el hijo que no tuvo, a pesar que está feliz con sus dos hijas. La mayor casada con un médico y la segunda recién separada acompañada de su bebé ha vuelto a casa. Si me hubiese casado con la menor, de seguro don Alberto me hubiese entregado el mando de su empresa. Pero aparte de ser algo regordeta, era torpe y desabrida, no habría podido mantenerme casado, y don Alberto, no me hubiera perdonado el separarme. Ese viejo siciliano se las trae. El edificio es lo bastante moderno, me imagino por el tipo de oficinas que también la renta será buena. Cruzo la mampara, y la secretaria con mirada y voz distante me invita a sentarme en los sillones de la recepción. Observo los cuadros que ornamentan las paredes grises, al tiempo que espero. La respuesta a mi duda inicial, no llega, y la interrogante sigue ahí rondando, incluso en el instante que estreché la mano de aquel que me recibió cordial en su despacho. Entré me senté frente a él con mi cara de estúpido, sin tener idea realmente que era lo que estaba buscando.


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¿Tiene valor el tiempo?

Por estos días cada vez es más común escuchar frases cómo "mi tiempo vale oro" o "no tengo tiempo" o el "tiempo pasa tan rápido"... sin embargo, científicamente los días siguen teniendo 24 horas, y se sigue midiendo en siglos, años, meses, días, horas, segundos, por ende nada ha cambiado aparentemente, y a pesar de ello, la sensación del tiempo se va tornando cada vez más sensible.

Las personas suelen pensar o decir que no pierden tiempo mientras estén haciendo algo (ya sea productivo o no) por ejemplo un guardia de Mall, que esté parado 8 horas diarias o más saludando como robot al público que entra y sale (sin siquiera mirarlos) o aquel nochero que cuida los autos en un estacionamiento en ese edificio en pleno centro de la ciudad, que queda totalmente desierto los fines de semana, se dirá que ellos no pierden su tiempo, pues realizan una labor. Quiero precisar que no tengo nada en contra de las personas que realizan estos trabajos, pero no soportaría estar en sus zapatos, así como en tantos otros, que corren, persiguen, buscan clientes para cumplir con las ventas, lograr los bonos, las metas. Todas esas gentes ocupadas venden su tiempo, para poder comprar eso u aquello que pretenden disfrutar cuando tengan tiempo.

Por otra parte, que hace que las personas lleguen a pensar que su tiempo vale más que el de otros. Les diré que sólo hay una cosa, o mejor dicho dos, la estupidez y la pequeñez de sus almas, Si un abogado dice que su tiempo es oro porque sus honorarios son elevadísimos y sólo algunos pocos pueden pagarlos, nadie puede decir que esa persona lo valga, ya sea profesionalmente o espiritualmente, que es al final lo que importa.

O acaso, no es más importante el tiempo de un profesor, una educadora de párvulos, o un payaso (que busca hacer reír a los demás), o incluso el de aquel almacenero que le fía a los vecinos y que conoce sus vidas al detalle, porque se da el tiempo de escucharlos, todo aquel que da su tiempo en pro de los otros merece mi respeto. Si el tiempo hoy en día es lo más importante, es tiempo de demostrarlo, dándoselo  a quien más lo necesita, por eso, no lo sacrifiques por más dinero si tienes a tus hijos en casa esperándote, o tu pareja, o tu mascota, o tus padres. Y por sobre todo a ti mismo de vez en cuando.

Piensa en que estás ocupando tu tiempo, y si vale la pena venderlo, pues después de todo, la decisión siempre está en tus manos. Pregúntate  si has usado toda esa ropa que has acumulado, si tienes tiempo para disfrutar la música en ese equipo que luce en tu living, o el tiempo que le dedicas a contemplar tu alrededor, las plantas, los árboles, los colores del cielo al atardecer, las nubes, el cielo, etc. No te olvides que pese a todo, el dueño de tu tiempo eras tú, después lo vendiste y ahora quizás es otro quien controla tu valioso tiempo.

(p.d. El uso reiterado de la palabra tiempo ha sido totalmente ex profeso)

¿Y si no hubieses nacido?

Alguna vez te haz cuestionado la posibilidad de haber sido algunos de los 249.999.999 espermatozoides (250.000.000 promedio) que quedaron en el camino de la fecundación...o que hubieses salido en un día donde tu madre no hubiese ovulado, etc., etc., supongo que no; pues las veces que lo he planteado me quedan mirando como bicho raro...cómo diciéndose "¿a quien se le puede ocurrir eso?", pues yo me lo he preguntado más de una vez. Tanto cuando estoy pletórico o profundamente bajoneado, lo cierto, es que lo hago en un acto de conciencia máxima, para gozar cada segundo de vida (como en éstos momentos que mientras escribo, escucho a Kenny G, y su música se interna en mi cuerpo de un modo mágico, que no se explicar).

Así, en momentos cómo éste mi mente se devuelve a mirarme y me pregunta ¿Y si no hubieses nacido? una pregunta, para lo cual nunca he encontrado una respuesta, pues se me aprieta el estómago de tan sólo cuestionar la posibilidad ...y prefiero salir arrancando por los pasillos del desvarío, mientras mi mente me persigue, increpándome a que conteste de una vez por todas. 

La mayoría de las veces en que me he cuestionado ha sido cuando todo mi ser se halla inmerso en una sensación profunda que me supera, a veces cuando el peso de la soledad me plasta, o cuando la maravilla de una puesta de sol, pareciera quemarme la vista con sus colores, o cuando el perfume de una mujer y la tibieza de su piel se cuela por los poros de mi cuerpo.

Sin más te invito a pensar en algo tan sencillo aparentemente, cómo si fuera la llave para entender tu propia existencia, o darle sentido a la misma. Aún en la oscuridad y la desgracia, siempre está presente la esperanza, sólo tienes que tomarle la mano con la fe del corazón y dejar que te guíe hacia la luz del alma.

Un abrazo cósmico, de esos que nos hacen tanta falta por estos días.

¿Cuál es tu actitud en la vida?


La gente acostumbra a quejarse de ésto y lo otro, de decir lo infeliz que es, lo difícil que es la vida, lo caro que es el costo para vivir, etc, etc. etc. Y yo me pregunto ¿ Cuan consciente será la gente de lo que proyecta?

A menudo me cuestiono, sobre la "Actitud de las personas" Vamos por el mundo pregonando lo que vemos, lo que nos parece bien o mal, lo justo y lo injusto, como altísimos jueces elegidos para dictar normas sobre esto u aquello, dueños de la verdad. Nos justificamos siempre pensando o diciendo que el sistema tiene la culpa, la pareja, la comunidad, el vecino, en fin, siempre habrá otro que tendrá la culpa. Si la gente viera su actitud, se daría cuenta que la vida, sólo se encarga de darle lo que cada uno quiere, lo que cada uno proyecta.

"Un joven entra a un banco y sonríe al guardia que lo saluda del mismo modo, detrás viene un hombre agobiado por problemas financieros, y no toma en cuenta al mismo guardia, por ende, éste último tampoco lo saluda. El joven que hacía una larga fila de público general, es llamado a un lado por el guardia y le hace pasar a una caja desocupada. Se va contento, y le agradece nuevamente con una amplia sonrisa al guardia, este le devuelve el saludo. En cambio, el hombre afligido sigue en la "fila de clientes", esperando que se desocupe pronto el cajero, rumea, se queja, levanta la voz, por la lentitud. El cajero lo escucha, y lejos de apurarse se muestra más atento con la persona que tiene en frente, demorando aún más la atención. Al rato, le toca su turno, es atendido rápido por el joven cajero (que sólo quiere deshacerse de su presencia), el hombre se retira molesto. Al salir, sólo le da una mirada de reproche al guardia, por no haberle tendido una mano. 

El guardia sonríe satisfecho, una mujer que entra le da los buenos días cordialmente pensando que le sonreía a ella "

Desde un punto de vista fisiológico, una sonrisa es una expresión facial formada al flexionar los 17 músculos cerca de los extremos de la boca, pero también alrededor de los ojos.

Por eso, te pregunto ¿Cuál es tu actitud en la vida? ¿Estás consciente de lo que proyectas realmente? 

Que tengas un hermoso día :)  

¿Y los sueños cuando?

La pregunta que se le hace comúnmente a cada niño, es ¿Qué quieres ser cuando grande?...dándole la mayor de las opciones, y no poniendo resistencia a lo que el niño diga, por ejemplo, astronauta, cantante, chófer de micro o camión, jugador de fútbol, salvavidas, nochero, vendedor, bailarina, etc.

Lamentablemente, estas cosas parecieran quedar en el olvido, cuando está a punto de salir del colegio y entonces la pregunta cambia a ¿Que piensas estudiar? deseando que la respuesta sea abogado,médico, ingeniero, enfermera, etc. y que pasa cuando ellos contestan "no voy a estudiar" "seguiré mi sueño de niño" u otro que nació en mi adolescencia.

Horror, espanto, que tiene en la cabeza, debe entrar en razón, ¿Cómo no va a estudiar? ¿Cómo se va a dedicar a eso o aquello? ¿Con qué va a vivir? Hay que hacerlo entender, debe "sacar un cartón" y después si quiere, se dedica a lo que quiera, pero, primero, debe tener algo para ganarse la vida.

¿Cuántos niños o jóvenes, logran realmente hacer lo que ellos quieren? me pregunto, mientras voy caminando por la vida y sólo veo caras de hombres y mujeres amargados, agobiados por seguir el sistema, cargando sobre sus hombros sus niños internos que nunca cumplieron sus sueños.

Por eso, me pregunto y les pregunto ¿Y los sueños cuando? ¿Cuándo se supone que debemos perseguir nuestros sueños? ¿Tenemos fecha límite? ¿Por qué debemos guardarlos con el peligro de que se mueran sin siquiera ver la luz? ¿Y tú? ¿Eres de los que sueña con ser feliz o estás haciendo aquello que realmente te gusta?

La Casona y el perro lanudo

  Déjate llevar me decía mi inconsciente como si fuera la dulce voz de mi madre, parsimoniosa, la escuchaba una y otra vez, mientras hacia e...