El monte que quería ser montaña

Cierta tarde en que el viento danzaba alegre sobre las llanuras, escuchó a un pequeño monte lamentarse, intrigado bajó para preguntarle ¿Qué es lo que te aqueja?
¿Acaso no lo ves? contestó el pequeño monte molesto.
No- dijo el viento aún sin entender. 
No te das cuentas que estoy rodeado de montañas ¡Mira a tu alrededor! ¡Majestuosas y enormes montañas me rodean!
- ¿Y? interpeló el viento. ¡Cómo que ¿y?! ¡Cómo que ¿y?! repetía malhumorado el monte, cada vez más acalorado. No tes das cuenta que soy la vergüenza del lugar. 
¿Por qué? 
Porque soy el único pequeño aquí, ellos son magnánimos, inmensos. Todos se maravillan por lo imponente que son, en cambio yo, mírame, pequeño, sólo recibo el sol del mediodía, el resto me lo quitan ellos. Odio ser tan pequeño, si tan sólo fuera inmenso como una montaña - repetía el pequeño monte. 

Entonces, el viento se alejó silente, lo que dejó aún más molesto al pequeño monte. 

Tres días más tarde, volvió el viento en compañía de un ángel, a conversar con el monte.

Hola monte - saludo el ángel. He venido a verte pues el viento me dice que te aqueja tu condición.
Si, ángel, mi vida es muy triste como monte, yo quisiera ser una inmensa montaña, la más grande de todas, para ser la más imponente.
¿Estás seguro? insistió el ángel.
Sí contestó el monte, contento porque iba a dejar de serlo.
Esta bien, dijo el ángel. Esta noche te convertirás en la montaña más grande del valle.

Y así sucedió, durante la noche, el pequeño monte, comenzó a crecer, y crecer, superando a sus pares.  
Amaneció dichoso, y cuando lo visitó el viento. Le manifestó su alegría. 

Pasaron los días y el cerro convertido ahora en montaña, estaba radiante, pues era él, quien daba ahora sombra. Nadie llegaba a su cima, ni siquiera los cóndores. 

Al pasar los meses, la montaña, pensaba que la primavera y el verano se habían perdido, pues sólo sentía frío, pues siempre se encontraba rodeado de nubes y nieve y ya no tenía en sus laderas pastos para que vinieran a comer los animales, ni nadie lo visitaba. 

Una mañana escuchó a una de sus hermanas montañas decir- que falta nos hace el pequeño monte, él era el único puente entre los hombres y nosotras, hasta él acudían siempre y podían sacarnos fotografías, escuchábamos sus risas, sus voces, podíamos ver sus animales. Desde que apareció esta montaña, todo el valle se ha oscurecido, y se eliminó el acceso para llegar a nosotras.De vez en cuando aparece un grupo de escaladores, pero cada vez es menos.  

Otra, agregó - he escuchado que los habitantes del pueblo se están mudando hasta un lugar maravilloso, donde existe un monte rodeado de montañas.

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No deseo nada...

Me preguntan que quiero para navidad y se asombran cuando respondo ¡No deseo nada! y es verdad cuando lo digo, y no estoy deprimido o de mal humor, todo lo contrario, me encuentro en plenitud, he logrado el desapego de las cosas materiales y es una sensación increible, que me conecta mucho más con la tierra, las plantas, los seres vivos, la música, la respiración y el tiempo presente. 

Soy capaz de disfrutar y hacer de cada instante un momento mágico, ya sea conversando, contemplando, leyendo o simplemente escribiendo lo que siento, pienso y sueño. Es cómo estar siempre listo para emprender el vuelo ¿o acaso ves que los pájaros llevan algo sobre sí para volar? No, sólo sus alas limpias, para agitarlas y surcar los cielos. Libre, libre es como me siento, tal si fuera un pájaro para surcar los cielos de la felicidad, es por eso que las cosas materiales deben ser sólo eso, algo que nos sirve, pero que no debe ser el ancla para emigrar, para que el velero de los sueños, pueda surcar los mares de la imaginación y creación.

No deseo nada, pues lo tengo todo lo necesario, para caminar en plenitud por el camino de la vida.

Hablas, hablas, hablas



Seis meses, dos semanas y tres días de aquella fatídica tarde, seis meses, dos semanas y tres días en que mi alma perece hora tras hora, noche tras noche y tú te has encargado que ello ocurra sin darme un minuto de descanso, como si fueras el centinela que complaciente, vigila se cumpla mi condena.
Sin más, desde lo más recóndito
de la noche te asomas con esa sonrisa hiriente para gritarme a la cara una y otra vez cómo ocurrieron los hechos, y no cesas en tu afán de destruirme y, hablas, hablas, hablas preocupada de mantener abierta la herida y nada te detiene a pesar de mis constantes súplicas, y que en más de una oportunidad me has escuchado gritarte ¡Que te calles! ¡Qué dejes por un instante de mortificarme!
Lo he intentado todo, desde esperar el silencio nocturno de la noche, para pedirte perdón, para reconocerte mi culpa, pero te mantienes distante. Desde el funeral, mi hijo mayor no me dirige la palabra, cómo quisiera que tú también hicieras lo mismo, para que al menos por una noche pudiera conciliar el sueño. Al principio cuando el insomnio me hacía compañía, llegué a justificarlo y entender que lo merecía, pero luego mi desfalleciente cuerpo pedía misericordia, y cuando veías que la fatiga me abrazaba y me abandonaba en ella, susurrabas a mi oído palabras horribles para que despertara inquieto, y entonces empezabas nuevamente tu calvario nocturno. En más de una oportunidad, mi desesperación me llevó a golpear las murallas de la habitación, haciendo que la sangre brotara de mis nudillos y caer rendido al suelo, concentrándome sólo en el dolor de mis manos con tal de no escucharte, pero, a pesar de todo, no dejabas de cumplir tu cuota de tortura, y me atormentabas con tus palabras, enrostrándome mi culpabilidad. Dominique la  menor de mis hijas, suele decirme al momento de despedirse en sus visitas de los domingos-  No te atormentes más papá, fue un accidente, no fue tu culpa ¡Pero no es así! ¡Fue mi culpa! ¡No debí, no debí! Contestar esa llamada…quizás tu madre estaría viva. ¡Maldita sea! ¡No debí, no debí!
Hoy, he ido con Luis el policía, en busca de la solución para terminar con esto. Es pequeña, liviana, pero sobretodo efectiva a poca distancia- me ha dicho- antes de pasármela. Luego me ha indicado, cargas, sacas el seguro y apuntas al blanco antes de jalar el gatillo, no puedes fallar, es infalible. Esta noche, he cargado sólo una bala, será suficiente, he sacado el seguro y te apunto ¿Estás lista para tu partida? Yo también, sólo me queda apretar el gatillo, ahí voy… la sangre ha bañado el espejo donde me contemplaba y he sentido como estalló mi sien, y entonces sonrío, sonrío en el momento que todo a quedado a oscuras, pues por fin he logrado que te calles para siempre, maldita conciencia.

Lanzamiento de mi Novela "Aquiles Strovosky"

Amigos:

Quiero compartir con ustedes una gran satisfacción personal y que en éste caso, corresponde al lanzamiento de mi primera novela, según se indica más abajo


Por qué es tan difícil vivir el hoy?

He escuchado más de una vez cuando comienza la semana decir a alguien...no hallo la hora de que sea viernes...y por estos días comentarios tendientes a como van a celebrar el 18. Es decir, de una u otra forma,  no vivimos el momento. Otros en cambio no se separan ni por un instante de su pasado, la viuda que vive acordándose de su marido, está aquel que tenía un trabajo mejor y que oportunidad que tiene lo comenta o aquella que vivió en el extranjero y no se adapta, podria seguir y seguir. De algún modo lo traemos desde niño cuando entrábamos al colegio deseando que llegaran pronto las vacaciones y luego a medida que crecíamos queríamos tener 15, 18 o 21años, olvidándonos de nuestra infancia.

Más tarde, ell hombre maduro se acuerda de sus años mozo. Todo lleva a pensar que vamos por la vida como el conejo tras la zanahoria, anhelando que todo será mejor cuando la atrapemos...lo que nunca ocurrirá.

Qué pasa entonces con el ser humano, que repite una y otra vez los patrones de desdichas? Cuándo aprenderá? Se lo han dicho de todas las formas, pero una y otra vez, se comporta estúpidamente y vuelve a pensar que el mes que viene, el año entrante o cuando le salga ese trabajo o gane más, o aparezca alguien en sus vidas, o le den la beca...entonces y sólo entonces se producirá el milagro de la felicidad.

El milagro es simplemente darte cuenta AHORA de lo que ves, hueles, sientes, tienes, sueñas y gozarlo intensamente, así de fácil, así de simple.

Nos hace falta llorar!!!!


Cuando un niño no consigue lo que quiere ¡llora!; cuando le quitan algo que deseaba ¡llora! cuando sus padres se van a trabajar y lo dejan sólo ¡llora!; cuando tiene sueño ¡llora!; cuando tiene hambre ¡llora!, en cambio cuando un adulto es pisoteado, es abusado, le quitan aquello que le pertenece, lo dejan solo, pasa hambre o no tiene donde dormir, o le despiden del trabajo, que hace ¡Calla! Si maldición Calla, y mil veces calla. Y los que no callamos somos vilipendiados y marginados, porque no tenemos derecho a decir que  No me gusta, o No estoy de acuerdo, o que no me gustan que vulneren mis derechos, entonces recibes el castigo omnipotente de aquellos que tienen el poder y es cuando quisiera volver a ser niño para poder llorar, llorar, llorar de frustración, de impotencia, de lo que sea, maldita sea, poder llorar hasta que las lágrimas me dejen seca el alma....por eso pienso que al ser humano, cada día le está haciendo más falta poder llorar.

Ayudas?

De acuerdo con el significado de la palabra ayuda, se refiere a cualquier tipo de cooperacion por minima que esta sea. Desde ese punto de vista, te pregunto a ti Ayudas? Si es asi, me alegro por ti. De lo contrario te recomiendo hacerlo, ya sea en forma anonima colaborando con cierta entidad beneficiaria, o bien en forma participativa. No importa ni la forma, ni el modo, lo que realmente importa es el compromiso interno que contraigas contigo mismo.

Puedes ir a visitar un hogar de menores, enfermos de cancer o de ancianos, o puedes barrer la vereda a tus vecinos. En fin, hay mil maneras. Ahora, si por el contrario no te nace ayudar, busca en tu interior la respuesta. Solo puedo decirte que quienes ayudan de manera desinteresada, siempre los veras sonrientes y llenos de energia. Ayudar no solo favore a quien recibe la ayuda, sino tan bien al que la brinda.

La Casona y el perro lanudo

  Déjate llevar me decía mi inconsciente como si fuera la dulce voz de mi madre, parsimoniosa, la escuchaba una y otra vez, mientras hacia e...