Tener la razón no siempre vale la pena


Últimamente he tenido que vivir en mi alrededor, muchas discusiones y peleas simplemente por buscar tener la razón, es así como una madre dejo a su hija partir de la casa (y después llorar a mares) una pareja terminar sin vuelta atrás (cuando lo único que querían era estar juntos) yo mismo por mi carácter he perdido la calma en mi trabajo y me he enfrascado en discusiones absurdas, tratando de quedarme con la razón.

Escuchando a Kenny G "Remember" cuando la consciencia te acompaña a estas horas de la madrugada, me cuestiono si de pronto se gana o se pierde con obtenerla. Creo que cometemos un error al enfrascarnos en nuestras posturas, como si demostrar intransigencia fuera algo digno de imitar, cuando solo demuestra nuestras debilidades. Si, aquel que se deja llevar por el orgullo, la insensatez, la intolerancia y la altivez, y no es capaz de ver lo que se pierde en el fondo, es débil. O acaso, no es mejor que un hijo este a tu lado, aun cuando ello te signifique pedir perdón o aceptar que pudiste estar equivocado en tu apreciación, o hacer vista gorda de esto o de aquello. No estoy diciendo que uno tenga por ello que aceptar todo en la vida, solo digo, que de pronto mas vale ponderar la dimensión de una discusión. Después de todo la razón es otra de las cosas que no nos llevaremos con nosotros, cuando abandonemos este mundo.

Creo, que hoy después del paso de las días (ya van 5) en que aquella madre no sabe de su hija, debe dudar si valió la pena el triunfo racional. Por eso, te pregunto a ti que eres de los o las que les gusta ganar, si bien no vale la pena, de pronto callar, asentir, o hacer oídos sordos, simplemente para "evitar..."

¿Qué haces tú para ser feliz?


Quizás la pregunta, te cause cierto escozor, ya que podrías decir, ¿por qué tengo que hacer algo para ser feliz?, si eso simplemente depende del destino - podrías contestar. Sí, es cierto, muchos piensan que la felicidad es algo que sólo a algunos les llega, como si fuera cosa del azar. Si te toca te toca... lo que es yo, pienso que la felicidad es mucho más que eso. A pesar de llevar muchos años buscando personas verdaderamente felices, lo cierto es que aún no he encontrado una que me convenza de verdad. Sí bien, muchas me han contestado que “son felices”, ya sea por su trabajo, por sus hijos, por el lugar donde viven, por lo que hacen, por lo que tienen, por lo que estudian, lo cierto es que no he encontrado en ellos esa plenitud que brota por los poros. Sin perjuicio de ello, he hallado personas que no saben quejarse frente a los embates que les da la vida, y yo les diría que son mucho más felices que nosotros, aún sin desearlo. ¿Qué los hace diferentes? yo diría que es su mirada, esa forma simple de ver la vida. Donde los demás vemos pobreza, miseria, ellos ven lucha, dignidad, fuerza, donde otros ven bienestar, ellos ven pobreza, herrumbre, indiferencia, donde vemos problemas, dificultad, ellos ven oportunidad, desafío, cuando están en un taco, no alegan, aprovechan el tiempo para dejarse llevar, cierran los ojos, se transportan en el tiempo o escuchan música, sueñan, revisan proyectos o ilusiones…no usan reloj, porque el tiempo no los controla, se contentan con lo que tiene y no viven deseando aquellos que les falta, conocen el verdadero significado de “compartir o dar” y muchas otras cosas más.
Por eso, abre bien tus ojos, observa a tu alrededor, quizás descubrirás a uno de estos especímenes más cerca de ti de lo que puedas imaginar. Aprende de ellos, escucha sus puntos de vista por simple que te puedan parecer y analízalos en la tranquilidad de la noche (con tu almohada) quizás se te puedan develar sus pequeños secretos. Sí, es eso, pequeños secretos que ellos manejan para ser felices, como palillos de tejedora artesanal, o trucos de alfarero con la greda entre sus manos. Son personas que frente a una aurora, “no sólo agradecen por un nuevo día” sino que también toman conciencia de que “es un día menos para el destino final” y entonces sus pasos tienen la pausa cansina de la prudencia, y cogen con alegría las vicisitudes de la vida...
Y tú ¿Qué haces para ser feliz?

Sólo hay que comenzar


Hace casi ya tres años que sentí la necesidad de plasmar lo que pensaba o quería transmitir a través de mis cuentos, mis poemas, mis reflexiones y ya llevo más de 7000 visitas.

Cuando publiqué sólo esperaba que alguien me leyera y si dejaba un comentario sería todo un logro. Eso me da la razón cuando digo que basta creer ciegamente en un sueño para que éste se haga realidad. Nunca pensé que tendría tantas visitas, ni menos seguidores, sólo le hice caso a esa voz que suena dentro de uno, es la única que siempre tiene la razón. Por eso, si de pronto, sientes que quieres hacer algo, que dentro de ti una voz te impulsa a un cambio, a una apuesta, a un desafío, créeme que debes hacerle caso. Sí, arriésgate si estás convencido del mensaje que sientes en tú interior y no claudiques ante nadie ni ante nada, por lo demás siempre vas a encontrar detractores, son los que sobran, pero, sin embargo, estos siempre pululan en la mediocridad...

Lo importante es atreverse, de eso, no te puedes arrepentir nunca, aún después de haber fracasado, ya que siempre encontrarás algo que bien valió la pena aprender. Muchas veces las derrotas nos sirven para los triunfos verdaderamente importantes.

Como escuché una vez o leí (no lo recuerdo bien), para dar un gran salto, es necesario a veces retroceder.

¿Cuanto vale ser tú?


Sin duda que ser uno en la vida tiene un costo, un costo que no todos están dispuestos a pagar y que otros no podemos evitar porque es algo que trasciende más allá de nuestros poros. Mostrarse al mundo tal como uno es, es practicamente como caminar desnudo ante el gentío...creo que más de alguna vez me he quitado toda la ropa, y he caminado indiferente entre la multitud, soportando el precio de la discriminación. Con el tiempo se podría pensar que quizás el costo que he debido pagar ha sido muy alto, porque he sido cuestionado, señalado con el dedo, recriminado e insultado por los más, y aceptado por los menos.

No cabe duda, que mis logros no han ido de la mano del éxito, puesto que defender tus principios, puntos de vistas, sin estar dispuesto a doblegarte, no es por cierto el mejor de los caminos, se ganan más enemigos que aliados, pero te queda la sensación de satisfacción con uno al final del día, cuando apoyo mi cabeza en la almohada y me digo, hice lo que me dictaba mi esencia, bien o mal, eso lo juzgarán los demás, yo sólo obedecí a la voz interior. Y a pesar de todo, aún cuando ello implique caminar por la vereda del frente, por donde transitan unos pocos, tienes la certeza que más de alguno te mirará y pensará, él se atrevió.

Cuando los años te han acompañado durante un buen tiempo, sabes que ser tú, es cada más difícil, quizás algo suntuario, una utopía, un lujo quizás y aunque la voz ya no grita con la fuerza de antaño, ni te exige ser tan enérgico en tu posición, tú sabes muy bien, que no lograrás callarla y entonces ronda en tu cabeza la pregunta ¿Cuanto vale ser tú? y una mueca socarrona se dibuja en tu rostro sereno.

¿Se le ofrece otra vida al señor?


Te imaginas en un restaurant de la vida, donde se acercara un mozo, y te preguntara si estás conforme con esta vida o si acaso quieres otra vida y luego te ofreciera una carta con un sinnúmero de posibilidades, desde mendigo hasta presidente de tu país, entonces ¿que elegirías?. Y en caso de estar dubitativo, te propusiera poner tu actual vida en pausa y experimentar mientras tanto cualquier otra, hasta incluso tendrías la posibilidad de vitrinear en una pantalla virtual, la cual tendría un submenú de opciones. Como por ejemplo, podrías elegir ser mujer, entonces tendrías la opción de vivir como soltera, ser casada, con pareja, profesional o dueña de casa, etc. ¿Qué piensas? ¿Te gusta la idea? ser el propio gestor de tu futuro, a tu entera voluntad, antes incluso de nacer...algo así como un semidios.

No sé si sería interesante la vida bajo ese prisma, saber desde pequeño que serás exitoso, que no te faltará nada, sin duda no deja de ser tranquilizador, pero seguir un patrón determinado, te quita la posibilidad de equivocarse, esa forma que tenemos de aprender de las cosas, tropezando y cayendo tantas veces como sea necesario, hasta lograr superar la lección.

Como tema de ficción, no deja de ser interesante lo planteado, pero al menos mi posición prefiere la incertidumbre del mañana, la hace más interesante, más mágica, llena de probabilidades nuevas, y eso hace que sea maravilloso cada día despertar, sin saber lo que pueda pasar, tanto en tu vida, como en la de aquellos que te rodean.

Definitivamente, de estar en el restaurante, le contestaría al garzón, muchas gracias, pero estoy bien con mi vida y deseo terminármela degustando cada minuto hasta acabarla, y espero no dejar migajas de mi vida en el plato.

Sorpresas te da la vida


Cuando menos lo esperas, ocurre ese algo especial que te sorprende y que le da un sabor especial a tu vida.Hoy fue el llamado de mi hija mayor Tania, la lucecita que brilló en mi rutina...después de meses de invitaciones frustradas, resultó que podía juntarse conmigo a conversar, como padre e hija, (cada uno viviendo cosas distintas, ya no bajo el mismo techo).

Un bar porteño, fue el lugar de encuentro, y entre luces taciturnas, música moderna en pantalla grande, algo de humo por aquí y gente joven, conversamos un poco de la vida, recordamos momentos,nos escuchamos y sin decirnos más, refrescamos ese amor incondicional que existe entre un padre y una hija, y hago hincapié entre un padre primero hacia una hija, porque somos los padres (sin importar el género) quienes nunca dejamos de amar a los hijos, pase lo que pase en la vida, digan lo que digan, hagan lo que hagan, siempre serán esa semillita que salió de tí, y que de algún modo "te pertenece" (bajo nuestro sentido limitado de ver las cosas) porque en realidad nada nos pertenece, pero en fin, ese no es el punto, el punto es el momento vivido, esa pequeña con la que solía pasear en brazos luego de mi jornada laboral, había crecido y ahora compartía una cerveza y me contaba de sus proyectos, de sus vivencias, de sus metas, de sus miedos, de sus logros, de su sentir por la vida, y sin poder tomarla de la mano para sostenerla, protegerla, guiarla, debía escucharla y apoyarla a la distancia, sabiendo que ya sólo puedes aconsejar, porque ya abrió sus alas, y llegará tan alto como quiera, sin que tú puedas intervenir en nada.

Sé que mi etapa hoy, es la etapa de la contemplación de aquello que nació de tus actos, sin que ya nada puedas hacer...quedándote sólo la posibilidad de disfrutar de los logros, o consolarte por aquellos fracasos, donde a pesar de que las cosas no salieran bien, te puedes quedar tranquilo, si hiciste lo mejor que podías.

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida...

Extraño a mi padre

No sé si es producto que uno se va poniendo más viejo, y por ello más sentimental, lo cierto es que por estos días, me he acordado mucho de mi viejo...y debe ser porque de algún modo me hace falta el refugio de sus brazos, ese cariño de sus caricias en mi pelo, cuando me acostaba en su regazo, aún siendo hombre y padre, por que nunca dejé de ser su hijo, ese niño regalón, que encontraba en él, comprensión, protección, refugio, calor de padre, ese calor que emanaba de él, y que llenaba los espacios donde habitaba. Con el tiempo los papeles se fueron invirtiendo y antes de su partida,tuve que yo protegerlo, cuidarlo, mimarlo y amarlo como a un hijo. Y es que prácticamente partió en mis brazos una noche en que su conciencia se perdió en las tinieblas y me quedé abrazándolo sintiéndome tan asustado como él, no sabiendo que hacer, que le pasaba, porque su cabecita desvariaba, y con su mirada pérdida y sus ojos asustados, logré que se durmiera, pero yo supe que en ese momento fue su despedida.

La vida es dura de pronto, y uno se siente sólo, sin que nadie lo proteja, y entonces cierro los ojos y me refugio en el recuerdo de mi padre. No escribo esto con más afán que volcar lo que siento hoy, en una noche porteña, con su trsiteza lánguida y el recuerdo latente de mi padre, mi viejo, mi partner.

La Casona y el perro lanudo

  Déjate llevar me decía mi inconsciente como si fuera la dulce voz de mi madre, parsimoniosa, la escuchaba una y otra vez, mientras hacia e...