ENYA - a day without rain

¿Seguridad?


Es algo que no necesito, ni me hace falta, es algo que no busco ni ansío hallar, me encanta la inseguridad porque ella me mantiene alerta, me pide crear, me deja abierta la puerta de la sorpresa, de lo inesperado y eso me significa estar consciente de cada instante, de cada decisión, de hablar o callar, de actuar o esperar, todo lo contrario a la infame seguridad que la mayoría busca, y que carcome, mina, pudre, desgasta, vulnera y apresa.

Sé que lo que escribo, a muchos no les puede parecer, pero les invito a mirar la naturaleza ¿dónde está la seguridad? en las nubes, en el sol, la luna, las estrellas, los árboles, los animales, los insectos, las aves, la tierra, las piedras, el mar, díganme ¿dónde? porque yo no la veo por ninguna parte, en ella todo es incierto, simplemente es.

No por nada dicen que la naturaleza "es sabia". El día que dejemos de perseguir la seguridad, será el día que nos daremos cuenta que perdimos tanto tiempo en busca lo que no existe, porque aún cuando sabemos que algún día moriremos, no tenemos la seguridad de saber cuando, y cómo. Por eso, no es mejor ser un poco más natural, y dejarnos ser...al diablo con la seguridad.

El Momento

Hoy, es sólo hoy lo que importa, éste instante en que estoy aquí consciente de estar vivo, de sentir los latidos de mi corazón, y puedo mirar el cielo aunque nublado y encontrar la dicha de la vida, sí, porque aún un día nublado es un momento para ser feliz, para agradecer que corre sangre por mis venas, que mis pensamientos y sentimientos se abrazan y se funden en el fondo de lo inconsciente para gritarme a viva voz, ¡SE FELIZ AHORA! eso es lo único importante. Rescata lo bello del ayer pero no lo guardes como una biblia, sino como un libro amigo que de repente hojearás, solo para que no te olvides de lo que fuiste, lo que tuviste, lo que perdiste, lo equivocado que pudiste haber estado, y nada más...y sonríe, sonríe, no te canses de sonreír, porque viniste para ser feliz y compartir la dicha con la humanidad.

Un beso, un abrazo, para tí, que me lees, y no lo olvides, primero sonríe, después habrá tiempo para los demás...escuchen la música de Kenny G.

Kenny G - The Moment

La casa abducida


La tierra bramaba como una bestia, se retorcía enferma y a cada convulsión la casa de Jesús Córdova Montoya sufría, y se resistía a sucumbir. ¡Va a pasar, va a pasar!-se decía- ¡Diosito que pare, que pare mi casita no va a aguantar! (pese a estar acostumbrado a los temblores fuertes; aquel parecía un infierno de nunca acabar) el piso se ondulaba como una cuncuna, las paredes todas de madera sonaban como si se resquebrajaran completamente, los vidrios se quejaban como niños asustados, caían cosas en la oscuridad provocando un ambiente de inseguridad y pánico como una carcajada azulada que estremecía hasta al más guapo, por más que trataba de incorporarse de la cama le era imposible, todo se sacudía…la casa entera se ladeaba, corcoveaba como huella indómita parecía sucumbir pese a los intentos de aferrarse con garras al cerro, finalmente la fuerza del sismo pudo más y la pequeña casa, perdió la estabilidad y comenzó a deslizarse por las calles cerro abajo. El resto de las viviendas pasaban una a una frente a la ventana de su dormitorio, en su loca carrera la casa se golpeaba, las ramas de los árboles raspaban su fachada herida; mujeres desaforadas, niños y hombres gritaban ¡Cuidado con la casa de Jesús!; mientras ésta daba tumbos, giraba, golpeaba vehículos, muros, postes, y a cada impacto se desarmaba, la muralla del lado izquierdo estaba totalmente desgarrada, el techo roto dejaba ver el cielo, el piso se desarticulaba ante cada impacto, semi desbaratada se precipitó al barranco donde como una piedra lanzada al vacío pareció volar cual caja de fósforo. En un acto instintivo, Jesús se subió a la cama, el sonido de las tablas que salían descuajadas le bañaba de un sudor con hedor a un miedo amarillento, las ventanas se golpeaban con la fuerza del viento y sus vidrios se rompían haciendo que el sonido retumbara en su cabeza, que permanecía escondido bajo las sábanas como si eso le pudiera salvar de tal fatídico destino. De pronto todo fue silencio, un silencio tenebroso como la boca de un lobo hambriento; ¡He muerto! pensó – no quería abrir los ojos. A pesar que permanecía aún sobre la cama, se imaginaba con el cuerpo destrozado a causa de la caída. En eso, cientos de bocinas le volvieron a la realidad. Abrió los ojos, y todo parecía en orden, su casa esta incólume. Todo fue un sueño suspiró aliviado y se dejó caer sobre la almohada. Empezaba a clarear, pero los cientos de bocinas persistían. ¿Qué es lo que está pasando? se dijo, ¿A que se debe tanta bulla? Abrió la puerta de calle y lo que vieron sus ojos le dejaron petrificado. No podía dar crédito a tamaña realidad, de seguro aún estoy soñando pensó y cerró la puerta con los ojos apretados, esperó unos segundos y luego volvió a abrir. Sí, definitivamente su casa yacía justo en el centro de la autopista de la ciudad. Era tal el atochamiento pese a estar recién amaneciendo que por más que trataba de ver hasta donde llegaba su vista se perdía mientras los cientos de autos pujaban por continuar viaje. ¿Pero cómo llegó mi casa aquí? - se preguntaba - ante la mirada absorta de los conductores que le veían parado en el umbral de la puerta aún en pijamas. Veía como le hacían gestos y le gritaban cosas, otros le hacían señas que se retirara del lugar, ¿cómo si fuera tan fácil? ¡Imbéciles! ¡No se dan cuenta que tanto ustedes como yo estamos tan perplejos con la situación. Entró a la casa, llamó a la policía para dar cuenta de lo sucedido, pero no le dieron crédito, llamó a los bomberos y corrió la misma suerte. No se atrevía a salir de la casa, puesto que varios conductores se habían bajado de sus automóviles y comenzaban a golpear la puerta. No tenía salida por lo que se vistió y salió a enfrentarlos. Justo en ese momento un policía motorizado se estaba haciendo cargo de la situación. Tras una hora de prestar declaración, y de haberse referido una y otra vez al sueño, nadie encontró explicación para lo ocurrido. Debido a lo caótico y curioso del tema, la noticia comenzó a salir en los diferentes canales locales y no faltó quien subió un video en la web, con lo que la noticia comenzó a tomar interés en todo el mundo. Entre los curiosos que siempre buscan captar pantalla, no faltó aquel que juró haber visto como la casa había sido inducida por un ovni, y que al parecer por una falla en él aparato volador le dejaron en medio de la carretera. Tres horas más tarde, y como el atochamiento impedía hacer las maniobras para sacar la casa, un camionero desesperado empezó a tratar de empujarla ante la ira de todos que le obligaron a desestimar la acción. Al final de la tarde, pancartas de pro-ovnivistas rodeaban la casa, mientras un camión de mudanza se había aparcado por la parte posterior de la casa (en sentido contrario) y personal de gobierno realizaba un inventario detallado de las cosas que subían al camión (recuerden que la posibilidad del ovni, era la que más resultaba lógica; dado que ésta no presentaba ninguna seña de haber sido arrastrada o levantada con amarras o algo parecido), por lo que había que incautar todo para su análisis. La amante de Jesús, aprovechando la contingencia prestaba declaraciones para un programa farandulero y le daba a Jesús connotación de “extraterrestre” en las artes amatorias. Jesús que llevaba más de seis meses sin un trabajo estable, veía en todo esto una manito del de arriba para que pudiera ganar unos cuantos verdes que le aseguraran al menos un par de años para estar tranquilo.

Lo más increíble se registró al final de la tarde, cuando la grúa que fue contratada para tal efecto no podía levantarla a pesar de tratarse sólo de una casa de madera (además de hallarse totalmente desocupada). Este hecho aumentó la curiosidad de todo el país y de los servicios de seguridad que vieron en éste nuevo hecho la presencia cierta de los extraterrestre. El lugar fue acordonado, el tránsito desviado. Jesús y su amante fueron llevados a un hotel de la ciudad con el lujo propio de un artista. Las instalaciones los dejaron maravillados, tanto así, que salieron como pasas, de tanto ocupar el jacuzzi, casi no tuvieron fuerzas para estrenar la cama matrimonial, de finas sábanas color marrón.

Al amanecer, Jesús aún medio adormilado –dijo con voz trémula - Oye mi vida, estuvo bueno eso que me hubiesen querido llevar los ovnis. ¿Qué Ovnis? ¡Levántate borracho, que ya es mediodía!

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Experiencia reciente


Esto no es un cuento, ni una poesía, es algo para graficar de algún modo algo que viví....

Temeroso cruce el patio, el pasto seco y largo dificultaba mi andar, con pasos titubeantes subí la escala y me aproxime a la puerta de aquella casona abandonada, la puerta cedió a la presión de mi mano y entonces sucedió que al ingresar a su interior se iba iluminando a cada paso que daba. La puerta se cerró tras de mi, y a pesar que sólo veía a un metro de mis pies avancé seguido por ese instinto que tenemos todos. Entonces a medida que mis pies se movían la casa se fue iluminando y toda la casa resplandeció, se llenó de luz y entonces una voz del más allá me dijo "Bienvenido a tu nuevo hogar" no hizo falta que preguntara por qué, había entendido. Todo lo maravilloso comenzaba a ocurrir, atrás se quedaba la oscuridad de mi pasado, me había ganado el derecho de vivir en plenitud, había encontrado la llave y ahora yo podía elegir o quedarme aquí o volver. Por ahora les puedo decir que he decidido quedarme, a pesar que el miedo y la incertidumbre se mantienen vivos a mi lado, les miro pero ahora sé que son sólo espíritus de duda y traición, que debo alejar para no detenerme. Abrí la ventana de una de las habitaciones y no sólo la luz a renovado el interior, también el pasto comienza a renovarse y todo lo que alcanza mi mirada. Tengo el poder de la luz a mi favor, respiro hondo, cierro los ojos y disfruto el momento, sólo el momento, lo demás ya se verá...

La puerta de casa


La puerta de casa siempre crujía al abrirse, a pesar que el abuelo la aceitaba permanentemente -sólo lograba callarla por unos días - luego volvía ese canto lastimero. Sin embargo, estábamos tan acostumbrados a aquel que cuando no rechinaba, sentíamos como si no hubiésemos llegado a casa. Por eso aquel domingo ya comenzando a anochecer, nadie quedó indiferente cuando se sintió su característico crujido. Como era costumbre nos encontrábamos todos en casa. Las miradas del abuelo sobre el periódico y de la abuela sobre el tejido se cruzaron como preguntándose - ¿lo escuchastes verdad? Yo les miraba sentado al lado de la chimenea y les observé al tiempo que miré a mamá que tomaba su segunda taza de té, inquiriéndole con mis grandes ojos negros lo mismo. Por alguna razón que aún no logro comprender nadie se atrevió a preguntar si los demás habían escuchado la puerta de calle abrirse. Papá había muerto hacía tres años y desde su partida nunca se había hecho presente, por eso creo que nadie en ese instante pensó en él. El barrio donde vivíamos era residencial y en él vivían sólo familias de buenas costumbres, y durante años no se conocía de robos, por ende pensar en un ladrón también era ilógico. El invierno aquel año fue más crudo que los anteriores, y como consecuencia, el sonido que emitían las bisagras y las maderas tenía un tono más grave por entonces, yo diría más senil, como si la vieja puerta se estuviera despidiendo. Lo cierto es que de algún modo aquel crujido alteró a todos los presentes. Mamá me mandó a acostar más temprano que de costumbre a pesar que al día siguiente no tenía colegio, y de mis ruegos por quedarme un rato más al lado del fuego. La abuela se excusó de tos y dirigió a su cuarto como no hacía en años- siempre era la última en acostarse - sólo el abuelo y mi madre se quedaron en el living. Ahora que lo pienso, no recuerdo otra noche en que ambos se hubieran quedado conversando hasta muy tarde. En mi cuarto no podía conciliar el sueño, no lograba despejar de mi mente el crujido de la puerta, por más que le buscaba una explicación no la encontraba. Cuando por fin el sueño me vencía, sentí las voces del abuelo y mi madre que murmuraban en el pasillo, despidiéndose el uno del otro. Los sentía alegre a pesar que no oía lo que cuchicheaban. La luz del pasillo se apagó, todo quedó en silencio. Me quedé medio desvelado parece, por que por vez primera presté oídos al silencio. La casa comenzó a parecerme más enorme y aterradora. De pronto sentía que toda ella se quejaba, los chirridos de tablas se hacían cada vez más agudos y frecuentes, también la oscuridad me pareció más lóbrega que nunca, no quería dormir en esos momentos de seguro tendría pesadillas. Me metí debajo de las sábanas deseando que las cosas se tranquilizaran de una vez por todas. Temía cerrar los ojos, por si algún monstruo entraba en mi habitación, el pánico se estaba apoderando de mí y a pesar que quería llorar y salir corriendo a la pieza de mamá el miedo me tenía paralizado y me sujetaba por las piernas. No sé si mi imaginación me estaba jugando una mala pasada, pero sentí pasos en el pasillo que bajaron la escala lentamente, luego la puerta crujió nuevamente como si alguien hubiese salido. No pude contener más el grito que brotó del fondo de mis entrañas. Mamá llegó asustada. Le conté de los pasos, de mis miedos, del crujido de la puerta. Le pedí que se quedara conmigo hasta que me durmiera. Desperté cercano el mediodía por los llantos de la abuela. Me levanté a ver que sucedía y entonces mamá me dijo que el abuelo había partido.

Dos años más tarde, y también un domingo, se sintió crujir la puerta mientras me hallaba en compañía de mi madre y la abuela, entonces comprendí que el abuelo venía a busca de mi nona.

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Lucrecia

La mirada de mi madre quedó fija en el dibujo de un sol que asomaba tras la montaña, trazado con tiza en la muralla, seguramente por un niño...